A sus 42 años, Charlène de Mónaco vuelve a enfundarse las mallas de deporte para afrontar un importante reto sobre el agua.


Charlène de Mónaco nos ha sorprendido con su última aventura… y tiene que ver con el deporte. Tanto que estos días la esposa de Alberto de Mónaco se ha subido a una bicicleta, si bien no una cualquiera, sino acuática, con la que está entrenando a fondo por una buena causa. La imagen que ha compartido mostrando sus avances nos recuerda a una deportista al más alto nivel y es de lo más curiosa precisamente por tratarse de un miembro de la realeza.

El motivo, como decimos, tiene que ver con la solidaridad a través de su propia Fundación. La creó en 2012 enfocada a los niños para enseñarles a nadar y, de paso, inculcarles el valor del deporte y el trabajo en equipo. Como no podía ser de otro modo, el medio acuático es el suyo. Y ha sido en su web donde han subido esta fotografía de la princesa pedaleando sobre una bicicleta acuática en el mar Mediterráneo.

UNA CARRERA SOBRE EL AGUA

Mónaco acogerá el campeonato Riviera Water Bike Challenge 2020 (RWBC) en apoyo de la Fundación Princesa Charlène de Mónaco. Hablan de un «bonito proyecto», aunque aún no desvelan más detalles y emplazan a finales de mes para el anuncio de la fecha definitiva de la carrera. La misma ha tenido que cancelarse debido a la pandemia de la Covid-19.

El reto en el que participará la princesa Charlène cubrirá 21 kilómetros entre Niza y Mónaco sobre bicicletas acuáticas del modelo Schiller S1. Hace tiempo que comenzó a entrenar, sabedora del esfuerzo físico que se requiere y de la atención que suscitará. Gracias a esta instantánea nos podemos hacer una idea de que Charlène se lo toma muy en serio, con la misma actitud que afrontaba en su vida como deportista. Pedaleando con mayas, playeras, gorra, gafas y cascos para escuchar música, demostrando que se mantiene en excelente forma, pues debe tirar mucho de piernas para avanzar sobre las aguas… Y todo ello a sus 42 años.

No olvidamos que la princesa ha sido una nadadora de élite durante gran parte de su vida. Tanto que llegó a competir en los Juegos Olímpicos de Sídney en el año 2000 y a punto estuvo de repetir en los de Pekín 2008 si no hubiera sido por una inoportuna lesión. Para entonces ya salía con Alberto de Mónaco (se habían dejado ver en público por primera vez en los Juegos de Invierno de Turín en 2006) y, poco a poco, sus nuevas circunstancias hicieron que fuera abandonando sus sueños deportivos para centrarse en otros de índole personal. Su compromiso se anunció en junio de 2010 y su boda se celebraría el 1 de julio del año siguiente. Así pues, la pareja acaba de celebrar su noveno aniversario de boda.

CELEBRANDO SUS NUEVE AÑOS DE MATRIMONIO

Por tal motivo, el Principado ha publicado varias fotografías nuevas de Alberto y Charlène junto a sus hijos, los mellizos Jacques y Gabriella, mostrando una estampa familiar con un tono mucho más relajado de lo habitual. A nadie le pasa inadvertida esta ‘nueva’ actitud del príncipe y su esposa, a menudo tan alejados en sus apariciones públicas.

De hecho, siempre ha llamado la atención la escasa presencia oficial de la princesa, quien ni siquiera acude al popular Baile de la Rosa. El caso es que en estos últimos meses todo ha empezado a cambiar. Alberto de Mónaco ha sufrido, y superado, el coronavirus, y algunos cifran este hecho en el supuesto acercamiento del matrimonio, que ahora aparece con mayor frecuencia ante su pueblo.

La pareja y sus hijos presidieron la celebración de San Juan y luego se fueron a comer todos juntos a un restaurante; también estuvieron de la mano en el funeral de la prima de Alberto, Elizabeth-Ann de Massy; y en la inauguración de un casino… A raíz de su noveno aniversario de boda, la pareja ha hecho públicas nuevas fotografías. De nuevo todos juntos, el matrimonio y sus dos hijos, Jacques y Gabriella, de cinco años, quienes son su gran motor para continuar, posando en un salón de palacio tras asistir a los festejos de San Juan. Este fin de semana volvían a posar y compartían las imágenes. Sonrientes, sentados frente a un atardecer y con el príncipe Alberto luciendo una llamativa camisa hawaiana, lo que hace pensar en unas vacaciones.