El Rey Felipe vivió este martes un día de constrastes, dado que de la alegría de recibir a Ona Carbonell en Palacio pasó a la tristeza de un funeral en memoria del arzobispo emérito José Manuel Estepa


El Rey Felipe vivió este martes una jornada de contrastes. Si comenzó el día recibiendo a Ona Carbonell tras hacerse con su 23º título internacional como nadadora, siendo una de las deportistas más laureadas de nuestro país, terminó el día acudiendo a un funeral. De la alegría a la tristeza en tan solo unas horas, y es que su presencia en el funeral del arzobispo emérito castrense José Manuel Estepa era casi obligatoria en su papel como Jefe del Estado.

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El cardenal falleció el pasado domingo 21 de julio y días después sus familiares, amigos y compañeros han querido reunirse para realizar una misa funeral en honor a su memoria y eterno descanso. La ceremonia tuvo lugar en la madrileña iglesia catedral de las Fuerzas Armadas, hasta donde se desplazó el Rey Felipe para darle su último adiós y arropar a sus allegados.

José Manuel Estepa ha vivido al servicio de la Iglesia. En 1972 fue nombrado auxiliar del arzobispo de Madrid, el cardenal Tarancón, para 11 años después pasar a ser vicario general castrense y arzobispo titular de Velebusdo. A partir de 1986 se convirtió en arzobispo castrense de España, cargo en el que se jubiló en 2003. Ya en 2010 fue nombrado cardenal por el papa Benedicto XVI, por su destacado papel en la Iglesia española. El Rey Felipe ha querido estar presente para ofrecer sus condolencias.

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