Cuando aquel 1 de noviembre de 2003 la Casa Real anunció el compromiso del entonces Príncipe Felipe (soltero de oro y ‘niño mimado’ de la realeza), la sorpresa fue mayúscula. Nada sabía del romance. La mujer elegida por su corazón era una periodista que cada noche se colaba en los hogares de los españoles para dar las noticias en el informativo de Televisión Española. Su nombre: Letizia Ortiz Rocasolano.

Coincidieron en el Premios Príncipe de Asturias de 2003, cuando eran novios

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SEMANA.

Una joven entonces con 31 años, asturiana, de clase media, profesional y divorciada. Lo nunca visto en el seno de la realeza española. Pero los tiempos habían cambiado… Al menos lo suficiente como para que esta boda siguiera adelante. En 2003, Felipe y Letizia protagonizaron una imagen de lo más comentada durante los Premios Príncipe de Asturias. Ya eran novios, pero no se sabía.

Elección cuestionada

Se habla del empeño de Don Felipe en ello, aun en contra de la opinión de su padre, el Rey Juan Carlos. Letizia tenía madera, él sí lo tuvo claro, para afrontar las responsabilidades de la que un día estaba llamada a ser la Reina de España. El 22 de mayo de 2004 la pareja se dio el ‘sí, quiero’.

Ahora esa joven cumple 50 años. Lleva casi dos décadas formando parte de la Casa Real, una institución que ha ido conociendo poco a poco, no sin sus momentos oscuros, hasta lograr ‘tomar el mando’ junto a su esposo. Cuando el 19 de junio de 2004 el Rey Felipe VI asumió el trono tras la abdicación de Don Juan Carlos, Letizia pasó a ser la consorte y con ello empezó a ganar terreno.

Tomó el testigo de la Reina Sofía ocupándose de algunas tareas oficiales, impulsó otras y fue evidente un nuevo estilo. La Familia Real cambió. Pasó a ser un “núcleo duro”, integrado por los nuevos monarcas, sus dos hijas, las Infantas Leonor y Sofía y los Reyes eméritos. Las circunstancias posteriores (las causas con la Justicia de su suegro, su retiro en Abu Dabi…) no se lo han puesto fácil, pero Letizia se ha revelado como una reina sólida, siempre al lado de su esposo en una época que tampoco es un lecho de rosas. En cierto modo ha vuelto a ser esa princesa inquieta que en su compromiso le pedía a Felipe “déjame terminar”, pero con las lecciones aprendidas del tiempo.