El Rey emérito se marchó a Abu Dabi el 3 de agosto de 2020 y allí parece que continúa. Su salud, sus rutinas, las visitas de los suyos… Su ‘nueva vida’ está teñida de muchas dudas.


Hace un año, el 3 de agosto de 2020, la Casa Real sorprendía con un comunicado de alcance: el Rey Juan Carlos anunciaba mediante una carta a su hijo, el Rey Felipe, su «meditada decisión de marcharme fuera de España», sin especificar dónde. Decía hacerlo «ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada» (en esos momentos el monarca estaba siendo investigado por supuestos delitos de evasión fiscal, además de salir a la luz las polémicas declaraciones de Corinna Larsen, su ex ‘amiga entrañable’). Por eso, por no perjudicar el ejercicio de su hijo, tomaba «una decisión con profundo sentimiento, pero con gran serenidad».

Pues bien, ha transcurrido todo un año desde aquellas palabras y su situación todavía deja muchas dudas en el aire: ¿cuándo volverá Don Juan Carlos a España? ¿Por qué no lo hace? ¿Cómo es su día a día lejos de su familia?

Según se supo después, el Rey emérito, de 83 años, pasó sus últimas horas en España cenando con sus mejores amigos en la localidad pontevedresa de Sanxenxo, donde ha regateado los últimos años. De ellos se despidió rumbo a un destino «desconocido» para iniciar su particular huida. Durante el tiempo de incertidumbre se le llegó a situar en Portugal y República Dominicana. Pero ese lugar no fue otro que Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), según descubrió el diario NIUS cinco días después de su partida, publicando una foto del monarca bajando del avión a su llegada.

La Casa Real no lo confirmó hasta pasadas dos semanas, y efectivamente lo situaba en Abu Dabi. Este fue su primer, y parece que hasta ahora, único refugio. Allí disfrutaba de la confianza y el cobijo de la Familia Real, cimentados a lo largo de sus casi 40 años de reinado, lo que también causó cierto malestar.

Primero se le ubicó en el hotel de lujo Emirates Palace, propiedad de la realeza local. Pero la ausencia de declaraciones e imágenes (que llegaban difusas y a cuentagotas) por parte del Rey Juan Carlos también hizo saltar las alarmas. Tras captarle en el puerto deportivo, caminando con la ayuda de sus guardaespaldas, en España se llegó a hablar de que la salud del monarca era preocupante, incluso muy grave, y que su vuelta era inminente. Se especuló incluso con que estaba ingresado con coronavirus. Más tarde se conoció que había recibido la vacuna en Abu Dabi, al igual que sus hijas.

© Viva la Vida (Telecinco).

Nada más lejos de la realidad. El pasado febrero la Casa Real lo desmentía y el propio Don Juan Carlos se dejaba ver a través de diferentes testimonios gráficos. Con buen aspecto, de pie, sonriente, sentado en una terraza frente al mar, compartiendo almuerzo y charla con príncipes y deportistas árabes. Poco después se descubrió que se encontraba en una exclusiva residencia y que este era su nuevo hogar, en el que estaba invitado por sus ilustres anfitriones.

Al mismo tiempo, el monarca contaba en conversación telefónica a un periodista de OK Diario que estaba «muy bien, perfectamente» y hasta que hacía dos horas de gimnasia al día.

© SEMANA.

Solo sus amigos más íntimos hablan de la nostalgia del Rey Juan Carlos y sus deseos de volver. Se insinuó que iba a hacerlo las pasadas navidades, quedándose en casa de su hija la Infanta Elena, según dijo el periodista Carlos Herrera. Pero al final no pudo ser.

En cambio, el padre de Felipe VI sí suele recibir las visitas de algunos de sus seres queridos en Abu Dabi. Sus hijas, la Infanta Elena y la Infanta Cristina, viajan con regularidad para estar a su lado. Se desconoce si lo han hecho su hijo, el Rey Felipe, o su esposa, la Reina Sofía.

Las últimas noticias relacionadas con el Rey emérito son el par de pagos millonarios que ha realizado a Hacienda para ponerse al día de sus irregularidades fiscales. No hay imágenes suyas nuevas desde hace seis meses. En su momento, Don Juan Carlos le envió al escritor Alfonso Ussia un mensaje en el que le aclaraba que «esto es un paréntesis, no unas vacaciones». Pero parece que el «paréntesis» se está haciendo muy largo.