A sus 95 años, la reina Isabel goza de una memoria prodigiosa: en su última aparición recuerda un curioso logro como socorrista, con el que abrió camino a futuras generaciones.


En su larga vida de 95 años, la reina Isabel de Inglaterra puede presumir de haber sido testigo de los más grandes acontecimientos históricos y todo tipo de avatares personales. Casi un siglo la contempla y ahí está, firme y sólida como la gran roca de la familia Windsor. Ni siquiera la reciente muerte de su amado esposo, el duque de Edimburgo (que ha dicho adiós con casi 100 años) la desalienta para continuar con su labor. Más allá de su tristeza personal, lógica tras haber compartido 73 años con el mismo hombre, la soberana ha retomado sus compromisos oficiales con normalidad. Dentro de lo posible, pues ella continúa aislada en el castillo de Windsor. En su última comparecencia pública ha demostrado por qué ella es The Queen: frente al ordenador manteniendo una videoconferencia e incluso, rompiendo sus costumbres, compartiendo una anécdota personal… ¡de hace 80 años!.

La soberana británica se reunió virtualmente con la Royal Life Saving Society, una importante organización que se encarga de concienciar y educar sobre la seguridad y la prevención de ahogamientos en el agua, de la que ella es patrona de honor. Durante la charla se recordó que Isabel, con solo 15 años, fue la primera persona en conseguir la medalla otorgada por la asociación.

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Allá por 1941, en plena II Guerra Mundial, la jovencita se lanzaba a la piscina para recibir la instrucción pertinente en materia de socorrismo. Una de las participantes en esta videoconferencia, la joven Sarah Downs, quien ha ganado una de las últimas medallas por llevar a cabo un rescate, preguntó a la monarca sobre ello.

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A lo que la Isabel II no tuvo inconveniente en responder, empezando con humor diciendo «¡hace mucho tiempo!». Lo que no recordaba es que ella fue la primera en lograr la distinción… pero su relato es de lo más curioso, teniendo en cuenta que Isabel apenas se sale del protocolo y mucho menos para hablar de asuntos más o menos personales.

«Tuve que trabajar muy duro para conseguirlo. Fue un gran logro», cuenta la monarca, añadiendo que para ella fue un orgullo prenderse la medalla en el traje de baño. «Grandioso», concluye la reina, al tiempo que desde su cuenta oficial en las redes sociales ilustran el momento con dos fotografías de la particular gesta de Isabel, convertida ya entonces en una pionera del socorrismo.

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