El uso de las mascarillas faciales es más importante para la salud de tu piel de lo que imaginas. Te damos todas las claves para que las utilices correctamente


Las mascarillas faciales se convirtieron en tendencia y han tenido su boom gracias a las redes sociales. La costumbre de aplicar una mascarilla facial, a ser posible cuanto más llamativa mejor, ha sido y sigue siendo, uno de los pasatiempos favoritos de celebrities, influencers y aficionados a la cosmética. Pero lo cierto es que al margen de su más o menos espectacularidad, sus beneficios son múltiples. Eso sí, siempre que hagamos una elección apropiada. Por eso hoy os proponemos una guía muy práctica para acertar y conseguir los resultados esperados.

Lo primero que debes conocer es la misión de las mascarillas faciales

Su principal función es aportar a la piel principios activos que queremos aplicar de manera extraordinaria. O lo que es lo mismo, proporcionarles un plus personalizado. Su formulación es más concentrada que la de una crema. Y buscan hacer diana en las necesidades puntuales de cada persona, del momento, de lo que queramos conseguir. Lifting, regeneración celular después de un láser o ácidos, hidratar, calmar, exfoliar, suavizar, iluminar… En realidad es un amplio abanico que cubre cualquier necesidad que pueda surgir.

Es clave, de cualquier modo, como en cualquier procedimiento cosmético, preparar la piel con anterioridad. Y son realmente útiles no solo para mejorar todos los aspectos comentados con anterioridad. También para, por ejemplo, realizar un tratamiento premaquillaje con el que conseguir un resultado perfecto y duradero.

¿Podemos prescindir de las mascarillas faciales?

Prescindir se puede pero no conseguiremos los mismos resultados si queremos mantener la piel en condicione. Nos ayudan a mejorar su estado y su salud. De hecho se nota un antes y un después de usar mascarillas faciales. Eso sí, deben ser acordes con las necesidades de cada piel.

Son claves por ejemplo en personas que usan retinol. Aplicar una mascarilla regenerante y calmante una vez a la semana es perfecto. En tratamientos actiacné una mascarilla balsámica que equilibre y calme después de una extracción es magnífica. También para regenerar y matizar marcas. Como tratamiento flash para un evento… son infinitas las opciones que nos aportan.

Cuando hablamos por ejemplo de la necesidad de oxigenar la piel, causante de la reducción de las vitaminas E y C, y del aspecto de rostro apagado que tan poco favorece, una mascarilla al menos una vez a la semana le aporta ese oxígeno que necesita.

Y en pieles sensibles son especialmente eficaces para calmar. O para aliviar rojeces y aportar nutrientes. Tan necesarios para proteger el rostro con un escudo a prueba de agentes contaminantes y agresiones externas.

¿Mascarillas de noche o de día?

Las mascarillas nocturnas no debemos olvidar que realizan su función mientras se produce el proceso de reparación y regeneración celular. Es la fase en la que la piel recibe de manera más intensa y productiva los principios activos que estemos aplicando. Si empleamos la mascarilla adecuada, el estado de la piel al levantarnos por la mañana, habrá experimentado el cambio deseado.

Además, durante la noche son muchas las horas que permanece en exposición, la concentración de los principios activos es mayor y podemos emplear principios que durante el día no son recomendables por ser fotosensibles como el retinol. También es ideal aplicar mascarillas nutritivas y regenerantes antes de ir a dormir y dejarlas hasta el día siguiente.

Sin embargo también hay mascarillas que podemos emplear por la mañana como las mascarillas antiacné que aplicamos antes de salir a la calle, o para recuperarnos después de un láser que podemos emplearlas de manera indistinta.

También hay mascarillas con factor de crecimiento epidérmico que son ideales en pieles sensibles y dañadas y la podemos aplicar incluso todos los días si la piel así lo reclama, por la mañana o por la noche.

Si hablamos de mascarillas de uso profesional las hay tan potentes y eficaces como el Método Mosaïque Modelante de Maria Galland, todo un clásico con resultados magníficos tantos años después. Su enfoque, más de 50 años después, sigue siendo una referencia. Se trata de un  tratamiento facial anti-edad con un efecto lifting natural gracias al efecto autotérmico que se consigue bajo la mascarilla. Su efecto es tan potente que en una hora el resultado es el de un lifting facial sin cirugía.