El universo de ‘Sálvame’ llora hoy la muerte de la colaboradora. Se ha ido con 69 años y tras un año de lucha contra el cáncer. Pero en su vida hubo una lucha mayor: la que mantuvo siempre consigo misma.


Vividora, apasionada, indomable, intensa, locuaz. Y mordaz hasta llegar a lo hiriente. Son solo algunos de los calificativos que definen la personalidad de Milagros Ximénez de Cisneros Rebollo, más conocida como Mila Ximénez. Ha sido durante décadas de las figuras con mayor peso específico de la pequeña pantalla. Y una de las colaboradoras -si no la que más- con más carisma de ‘Sálvame‘. Hoy el mundo de la televisión y del corazón llora su muerte.

Se ha ido con apenas 69 años. Llevaba un año luchando contra un cáncer de pulmón, pero no ha podido ganarle la batalla a la enfermedad. Y eso que tenía unas ganas de vivir infinitas. Pero la dolencia le fue comiendo el terreno desde que anunciara el fatal diagnóstico un 15 de junio de 2020. Y su luz se ha apagado para siempre.

Hija de Manuel y Nicolasa y hermana de Concha, Manolo y Nani, Mila se fue de casa con 18 años. Hizo las maletas para abandonar Sevilla. Por amor. Se enamoró de un médico casado, bastante mayor que ella. Un ser «egoísta, cruel, manipulador» que la hizo «sufrir muchísimo». Un hombre que la convirtió en una mujer desconfiada en el amor. Y que marcó para siempre su manera de relacionarse con sus parejas, que no fueron pocas. Porque Mila tuvo una larga lista de amoríos. El tenista Manolo Santana fue el hombre con el que pasó por el altar, en 1983. Y aunque fue, según ella, «una boda absurda», aquella unión le dio lo mejor de su vida: su hija Alba Santana.

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Antes de convertirse en una estrella de la televisión, Mila fue un personaje muy aclamado del corazón. Era una de las VIPS habituales en Marbella, donde veraneó durante décadas. Licenciada en Periodismo, antes de dedicarse en cuerpo y alma a la llamada ‘telebasura’ colaboró en diversos medios, como ‘La Revista‘ de Jaime Peñafiel, a mediados de los ochenta. O el programa radiofónico «Directamente Encarna», que conducía Encarna Sánchez en la Cadena COPE, y donde participó entre 1985 y 1987.

Colaboró en diversos medios mucho antes de su alto a la televisión

También fue colaboradora del diario ‘ABC‘, donde era la encargada de una sección semanal llamada ‘Café con Mila Santana‘. En ella demostraba su brillante dominio del verbo a través de entrevistas a personajes tan conocidos como la Duquesa de Alba, Gunilla Von Bismarck, Plácido Domingo, Terenci Moix, Miguel Bosé, Pedro Almodóvar, José María Ruiz-Mateos, Carmen Sevilla o Boris Becker. Resulta curioso que en aquel trabajo aceptara firmar con el apellido de su entonces marido. Ella, que tanto renegó de su unión con el deportista. «Como tenista ha sido el mejor, pero como persona ha sido y es abominable. Es la peor persona que me he encontrado en mi vida», confesaba.

Fue en el año 2004 cuando su vida profesional dio un giro de 180 grados. Ese año, Javier Sardá la contrató como colaboradora en ‘Crónicas Marcianas’. Allí afloró el animal televisivo que llevaba dentro. Una fiera gracias a la cual le llovieron las oportunidades laborales en otros programas de Telecinco: ‘TNT‘, ‘A tu lado‘ o ‘La Noria‘. Antes de su salto al mundo del ‘late night’ había pasado años de verdaderas penurias económicas. «No he tenido hambre de estar en la calle, pero de no tener dinero para hacer la compra sí. No tenía ni un duro porque me lo habían cogido y no tenía ni para hacer la compra”, confesaría a su paso por ‘Supervivientes 2016‘. “Siempre he vivido en buenas casas pero a veces sin luz”, admitía. “Odiaba los lunes porque era el día en que te lo cortaban todo. Dormía temblando”.

© Telecinco.

Y es que su vida ha sido una verdadera montaña rusa de vivencias y emociones. Ella lo tenía asumido: «La vida es un cambio continuo». Por eso no desaprovechó la oportunidad que le dio su fichaje en ‘Sálvame‘, en 2009, donde consolidó su imagen de fiera ante las cámaras. Siempre incisiva y sin pelos en la lengua, se ganó a pulso formar parte del llamado ‘eje del mal’. Un nombre que acuñó Paz Padilla para referirse a la amistad y a la mala leche de los tres miembros más viperinos del equipo: Mila, Kiko Matamoros y Kiko Hernández.

La fragilidad de Mila Ximénez

Lo cierto es que a pesar de su lengua afilada y su fuerte carácter, aquello era solo una fachada. Durante toda su vida, Mila creó un personaje fuerte y dominante para protegerse del ataque de los demás. Aunque cueste creerlo, fue una mujer sumamente vulnerable. Su fragilidad salió a flote en ‘GH VIP 7‘. En el ‘reality’ se mostró abatida en un sinfín de ocasiones, con varios amagos de abandono y no pocas crisis de ansiedad y llanto en directo. «Me siento una piltrafa«, llegó a decir. El amor propio nunca fue su punto fuerte. Ella misma reconocería en 2017, tras pasar por quirófano para hacerse un ‘lifting’, que antes de la operación «tenía la autoestima por los suelos».

«Siempre he dicho que cuando tenga el dinero suficiente para que yo me sienta tranquila he jurado que me sentaré en un plató gratis y ese día me voy a permitir contar la verdad. Pero no nos engañemos: es una utopía». Esto lo dijo en una entrevista con Jesús Quintero en el año 2010. Con su desaparición no sabremos nunca a qué verdad se refería. Quizás esa verdad era que ocultaba un gran secreto: bajo su apariencia «salvaje» -como se autodefinía-, detrás de esa leona que atacaba con garras y guerras, subyacía una felina de menor rango. Una minina temerosa que temblaba de miedo cuando la bestia negra que llevaba en su interior la machacaba.

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A Mila se le daba muy bien torturarse a sí misma. Y aunque pueda parecer extraño, la peor guerra a la que tuvo que enfrentarse en vida no fueron sus rupturas con su larga lista de amoríos -entre ellos, José Sacristán, Pepe Sancho o el abogado Emilio Rodríguez Menéndez– o sus encontronazos en los platós de televisión. No. El peor enemigo de Mila Ximénez era ella misma. Su círculo más íntimo lo sabía bien. Era crítica con los demás, pero era mucho más severa consigo misma. Y se venía abajo con facilidad. Esto explica que durante el confinamiento le resultara especialmente cuesta arriba la soledad. Le tocó enfrentarse a sus miedos más profundos. Todos sus temores salieron a flote cuando se vio encerrada entre cuatro paredes, aislada del mundanal ruido en el que tan cómoda se sentía. Sufrió ansiedad y le costaba dormir. «Durante el confinamiento me he hinchado de pastillas. He estado todo el día durmiendo», aseguraba en el ‘Deluxe‘. «Un día me dio la paranoia de que no iba a despertar y llamé al 112». Ella era así, venática. También tremendamente humana.

Quienes viven de manera tan radical como ella podrán comprender su faceta menos conocida. La Mila presa que quedaba del pánico ante sus propias inquietudes. La mujer insegura que aparentaba ser un acorazado ante los focos. La Mila que rompía a llorar por una tontería. O por un gesto de cariño. Tenía un alto concepto de la amistad. Adoraba a sus amigos y a su familia. Ella, como pocas, sabía apreciar el afecto que le brindaban los suyos. Por eso era consciente del tesoro que tenía al contar con el amor de su hija, de sus hermanos y de sus amigos. Personas como Belén Rodríguez, David Valldeperas, Raúl Prieto, Kiko Hernández o Jorge Javier Vázquez. O Belén Esteban. Ninguno de ellos se separó de ella durante sus complicados meses de pelea contra el cáncer.

El regalo que se ha llevado de sus seres queridos

Hace 11 años hablaba con enorme respeto de su compañera Belén. «Sigue siendo la misma niña de barrio. En este mundo donde me muevo, que es un mundo de puñales, hay muy pocos asientos para tantos culos. Tienes que tener cuidado con el de enfrente porque te lo va a quitar. Belén jamás te va apuñalar. Puedes confiar plenamente en ella. Tiene un sentido de la lealtad y de la fidelidad como no he visto en nadie», señalaba. Esa lealtad y esa fidelidad se la ha demostrado con creces la de Paracuellos del Jarama, al igual que otros muchos colegas. Es uno de los regalos que se ha llevado para sí con su muerte: el cariño y la incondicionalidad de su gente. Dos valores que tanto persiguió en vida y que nunca le faltaron a pesar de ser tan visceral y tan explosiva. Ella, tan indefensa ante sí misma, lo único que necesitaba era ese afecto para salir adelante. Donde quiera que esté, se ha llevado con ella las grandes dosis de amor recibidas. Un amor que la ha liberado de las cadenas que durante largo tiempo le impidieron reconciliarse consigo misma y que le permitirá descansar en paz. Hasta siempre, Mila. Eres libre, por fin.