Alba Santana llevó en el último adiós a su madre un pequeño detalle con la que la sentía todavía más cerca y le hacía un homenaje


Un año después de anunciar que padecía cáncer de pulmón, Mila Ximénez falleció en su casa de Madrid rodeada del cariño de su familia. Su única hija, Alba Santana, viajó desde Ámsterdam, donde vive con su marido y sus dos hijos, varios días antes para estar acompañando a su madre hasta el final, como lo ha estado haciendo a lo largo de este duro año de lucha contra la enfermedad. En el tanatorio de la M30 se ha rendido el último homenaje a la conocida periodista, donde la familia recibió el calor de los muchos amigos y compañeros de Mila. Su hija, muy afectada, estuvo arropada por sus tres tíos maternos y, para este último adiós, Alba eligió en su look un pequeño detalle para tener todavía más presente a su madre.

El homenaje de Alba Santana a su madre, con un pequeño guiño

Rigurosamente vestido de negro, y con una mascarilla y unas grandes gafas de sol para ocultar el dolor de su rostro, Alba Santana, la única hija que tuvo la periodista nacida de su matrimonio con el mítico tenista Manolo Santana, llegó al tanatorio para despedirse de su madre acompañada por sus tíos: Manolo, Concha y Encarna. La joven, visiblemente emocionada, eligió un pantalón recto tobillero con un jersey de cuello redondo y manga corta, con unas bailarinas bicolor. Y en la mano un bolso con el que rendía homenaje a su madre.

Alba llevó un bolso de piel negro acolchado con tachuelas, con tapa de solapa, asa de mano y cadena de su madre, Mila Ximénez, que la periodista lució en muchas ocasiones a lo largo del último año. Algunas de ellas cuando Alba venía a Madrid para pasar unos días con ella, acompañarla al tratamiento en el hospital o para disfrutar de un tiempo juntas de relax. Este pequeño detalle ha sido una manera de la joven para tener todavía más cerca a su madre en el momento más duro de su vida.

La especial relación madre-hija

La periodista de Sálvame sentía devoción por su hija. Aunque Alba pasó los años de su infancia junto a su padre y la mujer que entonces tenía Santana, Otti Glanzelius, porque los problemas económicos que entonces tenía Mila la llevaron a dejar a su hija con su padre para que tuviera una vida mejor, su unión fue indestructible. Madre e hija tuvieron una especial complicidad, que se fue haciendo más intensa con el paso de los años. La felicidad de Mila culminó cuando su hija la hizo abuela y pudo vivir plenamente esta nueva etapa.