«Tuve miedo porque me vi a mí misma desde arriba. Tuve que ir al hospital», ha contado Rossy de Palma. Es la primera vez que habla de los malos tratos que sufrió del padre de sus hijos.


Rossy de Palma ha viajado a Ruanda junto a Jesús Calleja. Juntos han emprendido una aventura por África Oriental que ha comenzado en la capital, Kigali, y en la que la actriz ha estado acompañada de sus dos hijos, Gabriel y Luna. Los jóvenes nacieron con apenas un año de diferencia, en 1998 y 1999, y se criaron únicamente con su madre, que siempre se consideró una «madre soltera». Y es que el progenitor de sus hijos nunca se hizo cargo de sus pequeños. Es un tema del que la artista y sus vástagos han hablado con el aventurero.

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Luna, de 22 años, ha confesado que no guarda rencor a su padre por haber desaparecido de sus vidas. «Tampoco es que lo haya conocido. La primera vez que lo vi como persona adulta lo vi como una persona. Fue sanador«, ha revelado. «Le dije que me he dado cuenta de que no lo conozco. El que se ha perdido conocerme es él a mí. Estoy rodeada de amor». La intérprete ha educado a sus hijos sin hacerles sentir sentimientos negativos hacia su padre, a pesar de haberse desentendido de ellos. «Mi madre me dijo: ‘No le odies porque el odio a la única que hace daño es a ti». Tal y como ha señalado la que fuera ‘chica Almodóvar’, es una persona «que ha sido la primera víctima de sí mismo».

«Por amor bajé al infierno, pero subí con dos ángeles»

Lo cierto es que con su expareja vivió «una relación turbulenta». Se conocieron cuando ella vivía en Francia. «Allí conocí al padre de mis hijos. No fue el amor romántico: fue como un reconocimiento. Quise mucho a ese hombre. Desde nuestro primer encuentro ya hablamos de hijos. Nosotros nos quisimos mucho y mis hijos están hechos con amor… Que dos hijos se tengan el uno al otro, son muy complementarios», ha recordado. «En el embarazo ya empiezan los problemas. Él quería dominar… Bloqueaba mi instinto maternal. Era una cosa un poco cazurrona de querer tener la voz de mando. Era de esas personas que petan y te montan un pollo por cualquier cosa. Yo me preguntaba: ¿Le va a dar el telele ahora o le va a dar después?».

La relación terminó tras un «suceso violento», cuando los niños eran pequeños. «Vino la policía a casa». El episodio lo cambió todo. «Tuve miedo porque me vi a mí misma desde arriba. Tuve que ir al hospital. Una señora que ayudaba a mujeres maltratadas me dijo: ‘Usted lo que tiene que hacer es cambiar la cerradura de su casa e irse a Madrid. Y eso es lo que hice».

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Lo que sí tiene claro es que todo aquello no fue el momento más infeliz de su vida, porque «cuando estás en la supervivencia no estás en si eres feliz o no eres feliz». Todo aquello ha quedado atrás. Sin rencores. «Por amor bajé al infierno, pero subí con dos ángeles. No me arrepiento de haber bajado, pero bajar, bajé».

La faceta como madre la ha colmado de satisfacciones: «Cuando tienes hijos, la cota de amor es tan grande que lo ocupan todo». Sus hijos son su gran amor. «Mi madre no es rara, es especial. Nunca es aburrido», ha desvelado su hija Luna. «Mi hijo es como mi padre, ella como mi madre, y yo me he convertido en su hija», asegura la artista. «Cuando eran pequeños, mi hijo me decía: Mamá, sal por ahí. Aventúrate. Mi hija decía que no, que estábamos muy bien los tres».

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A sus 57 años, Rossy de Palma reconoce que no he dejado de ser «esa niña» que fue de pequeña. Aunque en el confinamiento perdió la ilusión por las cosas, ha recuperado las ganas: «Quiero vivir cosas que me emocionen mucha África, mucha Indonesia… Me quedan muchos momentos de intensidad plausible».

 

¿Cómo se dio a conocer Rossy de Palma?

La actriz dio el salto al cine en 1986, cuando Pedro Almodóvar la descubrió y la animó a participar en un pequeño papel en la película 'La ley del deseo'.