Rocío Flores ha compartido su historia tras operarse de una lipoescultura que se realizó el pasado mes de marzo.


Las más de dos horas de viaje que separan Madrid de Málaga en tren han servido a Rocío Flores para responder todas las dudas a sus seguidores acerca de su lipoescultura. A pesar de que fue intervenida en el mes de marzo, todavía debe llevar consigo una faja que le limita mucho en su día a día. De hecho, no ha tenido el post operatorio esperado y aún tiene dolores e hinchazón que no se sabe cuándo desaparecerá. «Todavía estoy regular porque tengo bastante inflamación en el abdomen y en la zona de los flancos se han creado bultos. Intentaré hacer alguna, pero este no es el resultado final…llevo un mes. Hasta que no pasen entre los 3 o los 6 meses o un año no se ve el resultado real», dice la joven con total sinceridad.

Rocío Flores
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La colaboradora de ‘El programa de Ana Rosa’ ha perdido cuatro kilos, un proceso que no ha sido fácil en absoluto y que, según su criterio, ha supuesto un dolor muy grande. «El mío ha sido de 20. En realidad es que yo tengo el umbral del dolor muy bajo, pero sí, lo pasé muy mal», ha respondido a una seguidora que le preguntaba en cuánto cifraba la escala del 1 al 10. La tertuliana cree que ha merecido la pena pese a todo, ya que comienza a ver resultados, aunque los definitivos tarden en llegar. «Es una de las operaciones más demandadas, pero duele. Yo pensaba que no, tengo que ser sincera. A la vez que digo que lo he pasado muy mal, pero ya estoy súper bien y me veo genial. Mereció la pena», comenta.

Eso sí, lo verdaderamente difícil ha sido lo que ha sucedido detrás de las cámaras. Si bien veíamos a Rocío Flores de pie en los platós y sin apenas capacidad de movimiento, lo complicado llegaba en casa cuando ni siquiera podía hacer sus necesidades básicas con normalidad. «Un mes entero sin quitármela para nada, ni para ducharme porque es como un neopreno y me bañaba y luego me secaba con secador (ese momento era un suplicio)«, explica Rocío Flores. Pero no solo ducharse se hacía cuesta arriba por todo el tiempo que implicaba, también lo era la necesidad fisiológica de ir al baño. «Hago pis de pie, aprendí con la faja de cuerpo entero. Tenía un agujero en medio, así aprendí y ahora que no la llevo y llevo las tubulares, pues tampoco puedo sentarme bien con ellas puestas. Así que decidí hacer pis de pie y la verdad que me va bastante mejor«, ha comentado.

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(Noticia en elaboración)