La hija de Rocío Jurado echa la culpa a su hija del distanciamiento entre ambas.


Un miércoles más, Rocío Carrasco ha ofrecido nuevos testimonios sobre su vida en una nueva entrega de ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’. Bajo el título ‘Miedo’, el último episodio de su documental acoge el relato de la hija de Rocío Jurado sobre situaciones que sucedieron entre junio de 2006 y julio de 2012. Entre ellos, destacan la apertura del testamento tras el fallecimiento de la cantante o «los cambios» en la personalidad de su hija, Rocío Flores, de cuya transformación desde la niñez hasta la infancia habla con especial dureza.

La hija de la chipionera ha contado que su hija empezó a «increparme» siendo aún muy pequeña. Tras la muerte de su madre a causa de un cáncer de páncreas su vida dio un giro radical. Después de perder a su progenitora, necesitó un tiempo de duelo. «Me tomo un tiempo por la muerte de mi madre, pero me doy cuenta de que no estoy bien. La muerte mi madre es ley de vida, pero me encuentro con situación anti natura». Según ella, Antonio David «se aprovecha» de la situación.

Las duras palabras de Rocío Carrasco sobe su hija

Después de ese tiempo en el que estuvo alejada de sus hijos se produce la lectura del testamento de la artista, y esta no dejó nada a sus nietos. Una decisión de la que Carrasco habla así: «Considera que no debe de dejárselo». E indica que su hija, «por no tener de su abuela no tiene ni a la que parió a su abuela y no lo tiene porque lo ha decidido ella».

El episodio que provocó la ruptura definitiva entre madre e hija se produjo el 27 de julio de 2012. Según Carrasco, ese día tuvo lugar una brutal agresión por parte de su hija que acabó con ella golpeada en el suelo, inconsciente. «Ese día quiere desayunar una nectarina, lo único que hago es decirle que tengo ciruelas que le va a venir para el problema que tienes. Ahí se desencadena….Ella me desafía, se guarda la nectarina y al ir a cogerla me da una… me cruza la cara de lado a lado. Empieza yo no me creía lo que estaba pasando, empieza a pegarme, pero mientras ella me pega ella va gritando ‘No me pegues, no me pegues’. Era ella la que me estaba pegando a mí, a mí se me pasó como una película por toda la cabeza. Eso obedecía a algo que no era normal».

La llamada de Rocío Flores a su padre: «Papá, ya está hecho»

«Yo lo siguiente que recuerdo es Fidel reanimándome. Fidel poniéndome un aparatito de pulsaciones…le decía Fidel ‘la niña’ y tenía las pulsaciones en 140, me metió el lorazepan debajo de la lengua, cosa que tenía pautada desde hacía mucho tiempo. La niña se fue, se monta en el coche de Paco, Paco sabe lo que hay, la niña entra en el coche diciéndole», detallaba. «Ella se asusta cuando me ve caer a plomo al suelo, le dice ‘Paco mi madre, una nectarina», continúa. Paco, el chófer, no entendió que se refería a una pieza de fruta, sino a la naftalina, lo cual el pensó que se había tomado como intento autolítico. Una de las últimas cosas que recuerda Carrasco es: «No me preguntes de dónde, de repente se transforma saca un móvil y dice «Papá, ya está hecho»».