Cristina Pedroche está baja de ánimos y esta vez no solo por las duras críticas que recibe a diario, sino también por la crisis sanitaria y económica que le ha puesto la zancadilla a nivel profesional y personal. Así lo confiesa ella


Cristina Pedroche es uno de los personajes conocidos que han hecho del humor su mejor carta de presentación, aunque sus chistes son tan malos que tienen un encanto especial y siempre queremos oír uno nuevo. Es habitual verla bailando, haciendo posturas imposibles de yoga con su entrenadora personal, estimulando el paladar con las creaciones gastronómicas de su marido, David Muñoz, o divirtiendo a sus fans con sus disparatadas locuras y ocurrencias. Sin embargo, no siempre Cristina Pedroche es una fiesta, a veces también sufre baches personales, momentos íntimos de gran presión y desánimo y, como es justo, también ha querido acercarle uno de estos momentos al público en una entrevista.

La fuerza que demuestra tener Cristina Pedroche a veces flaquea y es que la resistencia con la que se topa a diario es fuerte. Son muchos los que la critican cada día, ya sea por el look elegido, su pose del día, qué dice, qué no dice, qué hace o qué ha dejado de hacer. Mucha presión. “No soy de piedra. Yo llevo una mochila con muchísimas críticas cada día. Hay un día que estallo, me afecta todo, me planteo que tienen razón y pienso cosas horribles”, reconoce la presentadora, que en ocasiones cae en el error de creer que lo que dicen personas anónimas en redes sociales son más ciertas que las que ella siente y experimenta.

Pese a ello, sabe revalorarse y no caer en los pensamientos negativos y autodestructivos: “Yo amo a mi cuerpo. Es el que tengo, el que cuido, el que mimo. No me escondo. Lo trabajo muchísimo por dentro y por fuera. Estoy mejor que nunca. Yo me veo divina. He enseñado celulitis y estrías. Nadie me obliga a ponerme una ropa u otra. Yo decido”, reivindica.

Sin embargo, toda esta exposición mediática y su clara consecuencia negativa se han unido a la difícil situación que la pandemia del coronavirus nos ha traído. Largos encierros, restricciones que marcan nuestra nueva forma de relacionarnos con los demás y, de paso, crisis económica que afecta especialmente al sector de la restauración, donde su marido, David Muñoz, se desenvuelve como puede esquivando las dificultades, pero viéndose obligado a cerrar su restaurante de Londres. Un negocio en el que, por cierto, ella también había invertido. Es por eso que Cristina Pedroche ha reconocido que se encuentra mal anímicamente y que siente que está tocando suelo: “De todo se sale. Es una mierda. Yo estoy triste y depresiva porque es una mierda. Pero lo importante es la actitud”, confiesa la presentadora al citado medio.

Los tabúes que Cristina Pedroche desea eliminar

Cristina Pedroche ha protagonizado numerosas polémicas en los últimos meses al hablar sin tabúes sobre algo tan común, pero silenciado, como es la menstruación. Hablar de la regla no está bien visto y eso es lo que la presentadora ha querido erradicar de una vez por todas, pues no hay nada más natural que esto. Y hablando de esto ha acabado confesando el delicado momento personal por el que atraviesa, con un bajísimo estado de ánimo que le impide llevar a cabo su frenética rutina con normalidad.

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“Cuando me bajaba la regla en el instituto una compañera me daba un támpax como si fuera droga. Yo he sido muy guerrera y cuando me daba cuenta de que yo misma me estaba escondiendo iba con mi tampón en la mano para que lo viera todo el mundo”, comenzaba a hablar Cristina Pedroche en una entrevista concedida a ‘El Mundo’.

Un medio en el que también ha compartido sin pelos en la lengua que también confía en el poder de las bolas chinas para fortalecer el suelo pélvico y que, tristemente, también son consideradas como algo que no puede hablarse en público, pese a ser salud: “Las bolas chinas suenan como porno, pero no tienen nada que ver. Yo tengo muchísima conciencia de mi suelo pélvico. Ahora estoy hablando contigo y lo tengo apretado. Y si quiero lo relajo”, le confiesa al periodista sin mayor reparo y es que nada mejor que transgredir los límites para avanzar y ayudar al resto a dar un paso más en su libertad personal y en la eliminación de complejos e inseguridades.