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María Teresa Campos debería reírse de ciertos comentarios y no entrar ‘al trapo’.

Por convicción y por experiencia, creo que no eres un grande si no hablan mal de ti. O al menos en muchas ocasiones pasa. Si hablar de Isabel Pantoja no fuera rentable: ¿la criticarían tanto en televisión? ¿darían en directo cada una de sus salidas de la cárcel, con seguimiento desde la puerta de la prisión hasta la entrada en Cantora? Seguramente no.

Lo mismo ocurre con María Teresa Campos, quien, de vez en cuando, se ve metida en ‘fregaos’ sin comerlo ni beberlo. En los últimos días se ha visto salpicada por las rencillas familiares entre Rocío Carrasco y su familia por ir a la presentación del sello de Rocío Jurado y sentarse en primera fila con Bigote Arrocet en el Teatro Real, mientras Ortega Cano quedaba relegado a un puesto en la segunda y alejado del centro del escenario.

Al margen de tener una opinión sobre este asunto, que la tengo, pero no la voy a dar, es de sentido común afirmar que cada uno de nosotros tenemos algún amigo al que queremos más que a muchos de nuestros familiares. ¿Por qué iban a ser María Teresa y Rocío distintas a los demás?

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Con su hija Carmen Borrego, con quien tantos años ha trabajado y formado un tándem profesional de éxtio.

Podríamos decir que María Teresa Campos, como su querida Rocío Jurado, es ‘la más grande’ del periodismo español, con mis respetos para otras compañeras de generación o más jóvenes que se puedan sentir aludidas. Fue la reina de las mañanas durante décadas, inventó la tertulia política a la hora de comer, formato que ahora han copiado La Sexta y Cuatro, y demostró tener una versatilidad indiscutible, alternando en cuestión de segundos hablar en su corrillo del ‘edredoning’ en ‘Gran Hermano’ con entrevistas a Mariano Rajoy o a quien tuviera a bien llamar en directo a su programa.

Por este motivo me resulta innecesario que el nombre de María Teresa Campos aparezca en situaciones más propias de un patio de vencindonas que de una periodista con varios Ondas, una longevidad televisiva que la sitúa a la altura de un David Letterman y un carisma del que pocas pueden presumir.

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María Teresa Campos ha conseguido reflotar una franja horaria que en Tele 5 no iba demasiado bien hasta que llegó ‘Qué tiempo tan feliz’.

No soy nadie para aconsejar a María Teresa Campos, pero me voy a permitir el lujo de opinar: no debería responder a sus detractores, ni siquiera con retranca. Como ya dije en un artículo sobre su hija Terelu, ni tiene que justificarse ni explicarse. Faltaría más que no pudiera ser íntima de Rocío Carrasco o que su hija no pudiera estar en televisión por ser ella quién es.

Quizás el exceso de explicaciones haya perjudicado a María Teresa Campos, porque en ocasiones, a base de hablar, parece que hay algo que ocultar, de lo que arrepentirse o de lo que rendir cuentas. Tampoco me sirve de argumento que sea la defensora de la audiencia en un programa como ‘Sálvame’, que es un ‘reality’ encubierto. Que trabaje allí no significa que tengan derecho de pernada sobre su imagen.

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Con Rosa Benito, quien estos días también se ha visto envuelta en la polémica del sello de Rocío Jurado.

Aunque vivimos en una época en la que la televisión tiene que ser espectáculo visceral para enganchar, deberían dejar a María Teresa Campos al margen de todo esto, que bastante tiene ella con fidelizar los fines de semana a una audiencia que ha encontrado en su programa un espacio en el que, como me decía hace poco Mario Vaquerizo, entretenerse y sentirse acompañado. Esa es su gran labor en los últimos años y no debería quedar ensombrecida por Gloria Camila, Rosa Benito u otros personajes.

Ya se sabe que hablar es gratis y a veces te pagan por ello, pero desde aquí hago un llamamiento a que dejen a nuestra María Teresa Campos en paz, que se lo merece.