Inmerso de lleno en el teatro desde hace varios años, Josema Yuste retoma su obra «Sé infiel y no mires con quién», en el madrileño Teatro Amaya, junto a la actriz Teté Delgado


La pandemia que estamos atravesando no le ha minado el ánimo y asegura que este reencuentro con su público está siendo el más emotivo de toda su carrera. SEMANA se ha sentado con el antiguo componente de Martes y Trece, que nos ha abierto su corazón de par en par, mientras nos dice que en el teatro se está más seguro que en casa.

Josema, perdón por la confianza, pero ¡estás estupendo!
¡Muchas gracias! Se agradece mucho lo que dices. Hago lo que puedo. Ahora mismo me encuentro cómodo y feliz con lo que hago, que es lo que siempre quise hacer: teatro. Yo empecé en un grupo de  aficionados, y es con lo que me identifico más. He vuelto a mis orígenes.

¿Cómo has pasado este confinamiento?
Pues me he aferrado al futuro. Cada día pensaba que esto tenía una fecha de caducidad, que todo esto se acabaría, que volveríamos a salir de casa, recuperaríamos nuestra rutina y sabiendo además que tenía un trabajo que me estaba esperando ahí fuera. Eso me daba fuerzas para aguantar. No tenía otra opción.

¿Con quién lo has pasado?
En casa con mi mujer.  He estado tranquilito y en la mejor compañía posible.

¿Cuál es el secreto de vuestros 31 años de matrimonio?
En una vida conjunta de tantos años hay de todo. Pero por algún motivo hemos llegado aquí. No sé si hay fórmulas o no para durar tanto, lo que si sé es que no hay que tirar la toalla tan pronto como hacen algunos. Hay que intentar acoplarse, respetarse, tener cada uno su espacio y compartir otras cosas… no es nada fácil. Es un trabajo diario.

Una duda,  ¿Por qué he leído que te refieres a tu mujer como la vecina del 3º?
Es que era mi vecina. Yo vivía en un piso, en mi planta había dos apartamentos y en el de enfrente estaba ella. La historia fue que yo tenía un perro y le pedía que se quedara con él cuando yo no podía y al final… pasó lo que pasó.

Eres un abanderado del amor hacia las mujeres, ¿perder a tu madre con sólo 9 años ha tenido algo que ver?
Perder a mi madre fue un impacto muy fuerte. La edad en la que me pasó, que todavía era un niño, fue lo peor. Para mí fue eternamente amargo revivirlo durante unos años. Estoy convencido de que tuve una depresión, pero en aquella época no se sabía. Ahora sí. Permanecí en un letargo de tristeza y era por eso, pero siempre he sido una persona fuerte, la vida me ha hecho así y lo superé. Afortunadamente en la vida todo se supera. Ha sido lo más duro que he vivido con diferencia.

Vamos a hablar de cosas más alegres. ¿Cómo está siendo el regreso a los escenarios?
Muy emotivo, porque el público tenía muchas ganas de volver a la vida y el teatro forma parte de esa vida, al igual que comprarte un pantalón o cenar con un amigo. Las personas aplauden más que nunca, porque parece que tenían ganas de encontrarse con nosotros. Yo nunca había sentido la emoción que estoy sintiendo estos días. Al acabar la función nos aplaudimos mutuamente.

¿La pandemia ha cambiado la manera de enfocar la obra?
Sí. De hecho, cuando nos cortaron las representaciones pensé: “bueno, ahora esto va a cambiar”. Y cuando volvimos otra vez tuve que remontarla. Date cuenta de que yo no puedo hacerle un PCR a nueve personas todos los días. Económicamente es imposible. Pero le he dicho a los actores que, por favor, tengamos todos mucho cuidado, porque si uno se pone enfermo, aparte de que puede contagiarnos al resto, tendríamos que parar la obra 15 días como mínimo. Les pido que no hagan mucha vida social, que vivamos en nuestra propia burbuja, que no salgamos de fiesta… porque todos dependemos del resto.

¿Y qué tal el resultado?
Pensaba que se notaría, pero no. Hemos cambiado los besos y los abrazos por situaciones que tienen que ver con la distancia social. Eso hace gracia a la gente y a la vez entienden la situación.

¿Qué significa no poder ver las sonrisas del público?
Afortunadamente no solemos verlos porque están en la oscuridad. Solo cuando aplauden, porque se ilumina el patio de butacas. La verdad es que es impactante, porque ves a todo el mundo con su separación. Es un poco extraterrestre. Pero la gente está segura y se siente cómoda. Al final te olvidas que llevas puesta la mascarilla.

¿Le tomas la misma dedicación al teatro que a la televisión? ¿La echas de menos?He trabajado mucho en televisión, menos en el cine y más en el teatro. Ahora llevo 15 o 16 años con mi pequeña productora y dos socios. Con esto te quiero decir que estoy muy involucrado en el teatro. Me deja tiempo libre, cosa que, por ejemplo, en la televisión es imposible, porque no hay tiempo para nada. ¿Qué me llaman mañana para hacer algo divertido? Lo hago. Pero no me preocupo. Estoy muy centrado en el teatro y de momento, sigo así.

Si no hubieras sido cómico, ¿a qué te hubieras dedicado?
Siempre he tenido tan claro que quería ser actor… Soy un artista vocacional. Ahora tengo una sobrina que desde bien pequeña quiere ser actriz y cada día le pregunto a su madre si sigue con la idea y la respuesta siempre es afirmativa. Eso es vocacional, cuando desde pequeño quieres ser algo sin tener conocimiento de ello o un familiar cercano que lo ejerza. En mi familia no ha habido artistas, exceptuando mi abuelo, que era músico. Pero yo siempre quise ser actor. Quizás si te tengo que decir algo quizás te diría médico. Pero no sé.

Hablando de televisión. Después de tantos años, ¿entiendes que la gente siga pidiendo un regreso de Martes y Trece?
Lo agradezco y lo comprendo. Entiendo que la gente quiera que volvamos o que nunca nos hubiéramos separado. Creo que nosotros cumplimos una misión estupenda, pero llegó un momento en que teníamos mucha presión y eso nos agobió.

¿Quizás no supisteis gestionar ese momento?
Es verdad. Pero no me refiero solo al éxito. Siempre hemos buscado la excelencia, el hacerlo un cada vez mejor. y reconozco que estábamos obsesionados con eso. Luego me di cuenta de que la perfección no existe, pero en aquel momento queríamos ser los mejores, pero por el bien del público. Lo que sucedió fue que nos saturamos y nos presionamos demasiado hasta que dijimos: “no podemos más”. Éramos terriblemente autoexigentes y eso no es bueno. Hay que saber gestionar eso y dosificarlo. He aprendido que las cosas pueden estar bien sin tener que ser la “hostia”.

¿Estás de acuerdo en que formáis parte de la historia del humor en España?
Con el paso del tiempo me he dado cuenta de todo lo que nos quiere la gente y de que sí, formamos parte de la historia. En el momento que sucedió no nos dimos cuenta. Toda esa autoexigencia nos ha servido para estar hoy en día aquí.

Has hablado de tu sobrina, pero tus hijos, ¿nunca les ha picado el gusanillo?
Es curioso, pero no, a ninguno de los tres. También es cierto que yo casi nunca les he involucrado en mi trabajo. Como mucho han ido alguna  vez a un plató de televisión o han venido cuando estreno obra de teatro. He intentado en todo momento separar mi profesión. Llego a casa y no hablo de lo mío…

¿Cómo afrontas el futuro?
Hay un refrán que dice: “virgencita que me quede como estoy”. Pues yo pido eso, quedarme como estoy.