Soy fan de Irene Rosales, así que ya os podéis hacer una idea de lo que voy a escribir a continuación. Permitidme un ‘spoiler ya desde el principio: los detractores del clan Pantoja no sigáis leyendo. Les voy a poner fenomenal.

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Irene Rosales no se ve dando el salto a la televisión ni participando en un ‘reality’.

Conocí en noviembre a Irene Rosales, en la ‘resurrección’ de Isabel Pantoja en Aranjuez (pocas experiencias he vivido yo como esa subida del telón del teatro y la tonadillera diciendo: «Sigo estando aquí»: «¡Ay, si Juan Gabriel levantara la cabeza!»). Intercambiamos dos, tres frases, poco más. Pero ya me conquistó. Fue educada, natural y espontánea. En verdad, no dijo nada. O casi. Me ganó su actitud y su candor. Que ya es mucho.

Ayer por fin la entrevisté en un corrillo de periodistas (alguien, no diré quien, tuvo un lapsus lingüístico maravilloso y lo llamó «corralito») y ya tuve claro que voy a ser fan de Irene Rosales si no se desvía del camino que ha tomado.

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Irene ha sabido mantenerse en un segundo plano. Aquí la vemos con Kiko Rivera en la reaparición de su suegra en Aranjuez el pasado mes de noviembre.

Es verdad que Irene Rosales comparecía en un evento de ‘pronto pago’, ergo no podía ser antipática, pero eso es lo de menos. La mujer de Kiko Rivera abordó todas las cuestiones con tranquilidad, sin mohines, sin eludir las preguntas ni vetar los temas. Tampoco es que nos desvelara la fórmula de la Coca Cola ni que hiciera un diagnóstico sobre la inminente era ‘Trump’ (no caímos en la cuenta de preguntarle por esto), pero dio muchos más titulares que otros famosos que hacen los mismos trabajos con mucho peores resultados.

Irene Rosales utiliza un lenguaje sencillo (no es Virginia Wolf ni lo pretende) y sus ideas no son elaboradas como los platos de David Muñoz, pero tiene muy claros los conceptos y las líneas rojas que no debe traspasar.

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Conocí a Irene Rosales el día de la ‘resurrección’ de Isabel Pantoja, una noche en la que el clan Pantoja volvió a brillar como en los mejores tiempos.

Tengo la sensación de que se lleva guay con Isabel Pantoja, que no hay fricción entre Maribel, que es el sobrenombre doméstico de la intérprete de ‘El señorito’, y la nueva imagen de la archifamosa dieta de la alcachofa (la propia Irene, por si no estáis al tanto).

Irene es una chica terrenal, sin grandes pretensiones, muy buena madre (de sus palabras podría inferirse que igual un poco sobreprotectora, pero igual me equivoco) y no da un ruido. No ha cogido el guante de las provocaciones televisivas, de las habladurías (o verdades, que si lo son y las quiere perdonar está en su derecho) ni ha hecho nada por ocupar el primer plano.

No me extraña que Isabel Pantoja esté encantada con ella y que las pocas fotos que han trascendido de ellas juntas rezumen buen rollo. Conociendo a sus predecesoras, muchas de ellas efímeras, en el trono de Kiko Rivera, es como para dar palmas. Hasta con las orejas.

Me encantas, Irene. Sigue así.

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Irene se muestra conciliadora a la hora de hablar de los conflictos que Kiko Rivera mantiene con su ex, Jessica Bueno, madre de su hijo Francisco. Según nos desveló, el niño se lleva genial con su hermana Ana.