Horas después de enterrar a su marido, Paz Padilla ha enviado un emotivo mensaje a su marido, Antonio Juan Vidal, que fallecía el pasado sábado tras un año luchando contra el cáncer. Este lunes, a la actriz y presentadora le ha tocado enfrentarse a una dura pérdida: la de su compañero y amor de su vida. Por eso ha querido que su despedida fuese lo más personal posible. En su último adiós, los invitados han cantado las canciones favoritas del abogado, han bailado… se han fundido en un cálido abrazo. E incluso han podido reírse al escuchar el divertido y emocionado monólogo de Paz en memoria de su esposo. «Yo lo dejé una vez y ahora me ha dejado él, el cabrón», bromeaba en la comida celebrada tras el funeral, en Zahara de los Atunes.

«Siempre estaremos fundidos en uno»

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Poco después de finalizar el almuerzo, sus seres queridos se despedían de Paz de manera muy cálida. Muchos besos. Infinidad de abrazos. Todos se han volcado con ella. Y es que las últimas horas han sido especialmente intensas. Su círculo más íntimo pudo participar en un tributo sentido e inolvidable en el que Paz no ha dejado un detalle al azar. Pero tras los besos y los abrazos, la presentadora, acompañada de su hija Anna Ferrer Padilla y otros familiares, regresaba a su casa de Cádiz. Desde su residencia ha compartido sus primeras palabras dedicadas a Antonio Juan. «Siempre estaremos fundidos en uno. Espérame que todavía nos queda una tercera oportunidad«, ha escrito en su cuenta de Instagram. Junto a sus palabras, una preciosa fotografía de la pareja con el torso desnudo, abrazados. «Paz, querida, no hay palabras, sólo abrazos, sólo estar a tu lado, sólo sostenerte la mano, sólo acariciarte la espalda. No hay nada que pueda darte consuelo. Te quiero», comentaba Carme Chaparro al post de Paz. Asimismo, numerosos usuarios le han enviado palabras de condolencias.

La bonita historia de amor de Paz y Antonio Juan Vidal

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Paz Padilla conoció a Antonio Juan Vidal siendo adolescente. Empezaron a salir juntos siendo apenas unos chavales. Fueron novios durante casi 15 años, pero rompieron y cada uno tomó un rumbo distinto. La vida los llevó por caminos diferentes. Se casaron con otras parejas y siguieron trayectorias separadas. Ella se casó con Albert Ferrer, padre de su única hija, Anna Ferrer Padilla. Pero el destino, que a veces es caprichoso, volvió a unirlos décadas después. En su reencuentro fueron capaces de darse cuenta de inmediato que estaban hechos el uno para el otro.

En su primera cita después de años sin verse, el funcionario la invitó a cenar. Luego dieron un paseo por la plaza de Zahara. Después, las flechas de Cupido hicieron el resto. «Me vino esa brisa marinera y me trajo su olor. Me giró, me dio un beso y dije: ya estoy en casa. A partir de ahí sabía que me iba a casar con él», ha confesado Paz Padilla. «Es lo que más quiero en mi vida. No me caso de nuevo».

Una boda en la playa, el lugar que volvió a unirlos

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El resto de su historia de amor es bien conocido. Paz Padilla y Antonio Juan Vidal se convertían en marido y mujer en octubre de 2016. No lo hicieron de cualquier manera. La suya fue una boda de cuento en la playa de Zahara de los Atunes. Ella llegaba en un carruaje de caballos y él, cabalgando sobre uno. Poco antes de habían dado el ‘sí, quiero’ de manera íntima en un viaje a la India.

Después de la ceremonia, Padilla confesaba sentirse la mujer más feliz del mundo: «Yo no me vuelvo a separar. Me he casado con el hombre de mi vida. Me ha costado volverlo a encontrar 20 años. Para mí lo es todo, me gusta su olor, es maravilloso todo, es un tío muy bueno, muy compresivo… Sabía que lo quería, pero no tanto».

Le diagnosticaron un cáncer hace un año

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Su felicidad se vio truncada en julio de 2019, cuando al abogado y funcionario de la Junta de Andalucía le fue diagnosticado un tumor cerebral. Fueron momentos durísimos para la pareja, que a lo largo de estos últimos doce meses ha estado más unida que nunca frente a la enfermedad. Su batalla la han vivido a su manera, de puertas para adentro. Porque Paz no ha querido hacer pública la lucha que les ha tocado librar y que, tristemente, no han podido ganar.