El concierto de la tonadillera en el Wizink Center de Madrid fue una verdadera carrera de obstáculos. Así fue su recital, cargado de sombras.


Isabel Pantoja ofreció el pasado 6 de marzo un concierto en el Wizink Center de Madrid ante la atenta mirada de 11.000 espectadores. En su show en directo, la tonadillera ha dado lo mejor de sí misma para deleitar a sus ‘pantojistas’. Pero no lo tuvo nada fácil. En las más de tres horas que duró su espectáculo tuvo que enfrentarse a numerosos obstáculos.

Los obstáculos a los que tuvo que hacer frente Isabel

Las grandes divas tienen la capacidad de brillar incluso cuando todo se les pone en contra. Es justo lo que le sucedió a la sevillana en su concierto en la capital. Allí tuvo que sortear un buen número de contratiempos. Desde los fallos técnicos a sonadas ausencias…

Uno de las primeras piedras en su camino fueron los constantes fallos técnicos que deslucieron su puesta en escena. Horas antes del recital se rompieron la mesa de luces y, luego, la de sonido. El pobre montaje de luces no estuvo a la altura de una estrella como ella. Y el fallido equipo de sonido hizo difícil, en ocasiones, que los asistentes la escucharan. «¡No se oye», gritaban sus fans desde los asientos. «Parece que los de arriba no oyen. Pues, bueno, lo tienen que arreglar por aquí (señalando el escenario) porque yo no puedo hacer nada», se quejaba la artista.

También tuvo ciertas dificultades para mantener erguido el pie de micro, que en ocasiones le jugó una mala pasada. Por otra parte, algunos de sus fans han destacado a través de las redes que Isabel tuvo pequeños fallos de memoria. Porque hubo momentos en los que se olvidó de la letra de sus ‘hits’. Un imperdonable error para sus más acérrimos seguidores.

Quizás por ello Isabel se mostrara enfadada con parte de su equipo al regresar a su camerino. Una cosa está clara: ella dio lo mejor de sí misma. Y a pesar de sus leves tropiezos con las letras, estuvo a la altura de las circunstancias. Pocas estrellas se entregan a pleno pulmón durante más de tres horas de riguroso directo a los 63 años. Y venciendo -con la mejor de sus sonrisas- dos grandes y sonadas ausencias: la de su madre, doña Ana, y la de su hija Chabelita, que celebraba el cumpleaños del pequeño Alberto en Jerez de la Frontera. ¿Qué mejor muestra de profesionalidad que la suya?