El actor ha anunciado en Instagram que concluye la quimioterapia después de cuatro meses de batalla. Ahora arranca una nueva fase, con sesiones de radioterapia.


A través de sus redes sociales, Dani Rovira ha compartido una feliz noticia: ha terminado el tratamiento de quimioterapia que inició cuatro meses atrás, tras serle diagnosticado un linfoma de Hodkin.

«Hace una semana que me lo han diagnosticado, aunque llevaba ya meses arrastrando cierto cansancio y malestar». Eran las palabras con las que el malagueño anunciaba su dolencia, el pasado 25 de marzo. «Si decido hacer esto público es porque, para lo bueno y para lo malo, soy un personaje público. Y antes de que comience el circo de especulaciones y sensacionalismo en cierta prensa y en redes sociales, prefiero ser yo la fuente principal de información», decía.

Así anunciaba su «lucha contra el bicho»

«Tengo cáncer. Ya tiene nombre y apellidos: LINFOMA DE HODGKIN. Hoy es mi primer día de quimio y por delante una larga lucha contra el “bicho”. No tengo miedo. Estoy tranquilo. Llevaré estos meses una mochila, quizá, un poco más pesada en tiempos de incertidumbre, miedos y pandemia. Pero no me faltan fuerzas ni ganas para salir airoso de esta. Tiene buen pronóstico», señalaba entonces.

«Ánimo a los que estáis en la lucha»

Ahora, por suerte, el actor ha proclamado feliz que su tratamiento a llegado a su fin. «¡Se acabó la QUIMIO! 8 sesiones y 4 meses entre pecho y espalda», ha escrito en su cuenta de Instagram, junto a una foto en la que cubre su cabeza con una máscara de hipopótamo. «Secuelas: pérdida de pelo, las venas de los brazos duras como bridas y cabeza de hipopótamo (de ésta última no me comentaron nada). Si a alguien más le ha pasado esto, que me escriba, con cuatro que seamos, organizamos un Tragabolas», añade con sentido del humor.

Una vez que ha terminado las sesiones de quimioterapia, el andaluz afronta una nueva etapa en la que arranca la segunda parte de su tratamiento. «Esta semana empiezo a afrontar 18 sesiones de RADIO, una cada día. Aunque los linfomas han desaparecido, los médicos lo han decidido así por cauterizar y precaución», ha detallado. «A mediados de agosto, este mal sueño habrá acabado y podré retomar de nuevo “la normalidad” si es que hay algo normal ya en este mundo».

Optimista, el protagonista de ‘Ocho apellidos vascos’ se siente afortunado. «Me queda la última pantalla del videojuego… Ojalá cuando acabe se me ponga cabeza de koala. Me gustan mucho los koalas. La vida me sonríe, pero siempre espero que me suelte carcajadas», ha recordado. En su post no se la olvidado de las personas que le brindan su apoyo y su cariño: «Sois tant@s los que me estáis curando…❤️». Y anima a quienes luchan para combatir la enfermedad a no decaer: «Ánimo a l@s que estáis en la lucha. Tenemos unos médicos y un personal sanitario espectacular en este país. El resto es quererse y dejarse querer».

Dani Rovira, incansable en su batalla contra la enfermedad

 

A sus 39 años, Dani Rovira se ha convertido en un ejemplo de lucha a seguir. Consciente de su responsabilidad como personaje público, desde el primer momento ha querido transmitir un mensaje positivo ante la dolencia que padece. Tampoco ha dudado en compartir los avances de su tratamiento en su perfil de Instagram. «Ánimo a todos los que estáis en este combate. Amor, humor, descanso y buenos alimentos», recordaba a su legión de fans en una de las sesiones a las que se sometía.

Al igual que sucede a muchos que se encuentran en su situación, a Rovira la enfermedad le ha hecho meditar mucho sobre la vida. Y sobre aquello que es verdaderamente importante. Quizás por eso, después de que Pau Donés lanzara su canción ‘Eso que tú me das’ (días antes de morir como consecuencia de un cáncer de colon) no podía ocultar su emoción. «Anoche escuché y vi el videoclip de lo último de Pau Donés. No puedo parar de escucharlo una y otra vez e inevitablemente emocionarme», admitía. «Yo quiero vivir en esa azotea, cantando, bailando, celebrando la vida, repartiendo gracias y brindando por todo lo bueno que tenemos. Ahora que, en cierta manera, puedo saber el color del cristal por el que mira Pau, estoy experimentando conexiones que antes pasaba por alto». De su extenso mensaje destacaba la siguiente reflexión: «En una época donde el odio, el ruido y el egoísmo parece que van ganando foco y protagonismo, debemos apostar por todo lo contrario. La batalla consiste en quedarnos con lo bueno, transformar desde los hechos, desde la alegría y el agradecimiento”, manifestaba.