El pasado 16 de junio, Mila Ximénez anunciaba que tiene cáncer de pulmón. Una enfermedad que no le es ajena, ya que todos sus hermanos se han enfrentado a este mal. Por suerte, todos «han salido de esto». En esta ocasión le ha tocado a ella batallar contra la misma dolencia que ha azotado a su familia.

«He salido de cosas peores»

La colaboradora recibió el diagnóstico después de acudir a consulta, aquejada de fuertes dolores de espalda. Tras someterse a una resonancia le detectaron un tumor. Al recibir la noticia de sus médicos, entró «en shock». De ahí ha pasado «a la fuerza». Después de unos días en los que necesitaba «llorar, dormir» y «cabrearme», se dio cuenta de que «eso está ahí» y no piensa «tirar la toalla». Mila sabe que hay muchas personas en la misma situación. Y que el camino va a ser largo. «Estoy asustada, pero lo vamos a conseguir. No va a poder conmigo este puto bicho. He salido de cosas peores. El cáncer no va a poder conmigo«, ha explicado.

Cuando Mila ha hecho referencia a esas «cosas peores» sabía muy bien de qué hablaba. Porque, a sus 68 años, conoce tan bien lo que es disfrutar de las mieles del éxito como bajar a los infiernos. Su biografía no ha sido sencilla. Con ella se podría escribir una novela con tintes de rama, pasión, comedia. La vida de la sevillana, llena de luces y de sombras, tiene todos los ingredientes suficientes para haber creado al personaje que es en la actualidad. Ingredientes que le darán la fortaleza suficiente para batallar contra el cáncer.

Una vida marcada «por picos muy altos y picos muy bajos»

«Mi vida ha estado marcada por picos muy altos y picos muy bajos. Mi nacimiento fue en mayo, He tenido una infancia muy bonita, llena de recuerdos. Soy la segunda de cuatro hermanos, con una madre absolutamente dedicada a nosotros y un padre dedicado a que viviéramos bien. Pero no pudo ser porque la enfermedad de mi madre le impidió disfrutar de eso», revelaba la andaluza en junio de 2019, durante su paso por ‘GH VIP 7’, donde quedó tercera finalista.

Con apenas 18 años, Mila lo dejó todo por «el primer amor» de su vida. Un médico mayor de ella que, además, estaba casado. «Nos enamoramos, pero él no era una persona libre y tuve muchos problemas, pero seguimos adelante. Fue un pico muy alto de una niña que conoce al hombre de su vida. Era médico, vinimos a Madrid. Fue una época bonita. Una noche me di cuenta de que esa relación era una tortura. Yo aguantaba porque no tenía realmente dónde ir. Una noche hizo que todo mi mundo fuera al infierno. Me di cuenta de que todo lo que había soñado había sido una pérdida de tiempo», ha relatado.

Su vida intensa vida sentimental

Después de este desamor conoció a Manolo Santana, uno de los tenistas de mayor prestigio de los ochenta. La pareja contrajo matrimonio civil el 9 de febrero de 1983. Poco después (el 15 de abril de 1984) nacería su hija Alba. Ambos disfrutaron de la ‘dolce vita’ de Marbella, donde se codeaban con la gente guapa de la ciudad hasta que en 1986 su relación hace aguas. «Fue un matrimonio a la ligera. Él venía de una relación rota que no superó y yo venía de otra relación, pero ninguno de los dos estábamos preparados. Cometí el error de querer vivirlo todo mientras estuve con él. Tuve gran parte de culpa. Él me hacía sentir libre, pero yo gestioné mal aquella libertad», ha recordado Mila.

A lo largo de su vida, Mila ha mantenido otras relaciones sentimentales. A finales de los ochenta mantuvo un breve idilio con José Sacristán. También se enamoró de Rafael Aguilar, un empresario marroquí con el que salió durante diez años. También se la ha relacionado con el abogado Rodríguez Menéndez y con Antonio Arribas. Ambos mantuvieron una relación a comienzos de los 90. Con él, Mila conoció «las noches de pasión, el sexo, las drogas y el alcohol. Lo que tuve con él no sé si se puede llamar amor, pero fue una gran pasión», ha dicho.

El dolor de estar separada de su hija

Tras su divorcio, Mila perdió el norte: «La separación me hizo no saber por dónde ir. Perdí el timón de mi vida». Así entró en un bucle sin salida. «Vivía en casas que me iban dejando, pero no recuerdo cómo entré ni cómo salí. En ninguno de esos años fui feliz», ha confesado. «Estaba tan mal de dinero que prácticamente vivía dentro de un coche». De aquellos años lo más difícil para ella fue estar separada de su hija. Incluso pensó en el suicidio. Pero el amor de madre recondujo su camino: «Si mi hija Alba no hubiese estado, la vida me hubiera llevado a no seguir viviendo».

Alba, el motor de su vida

«Sin Alba probablemente no estaría viviendo», ha admitido. «Sin Alba no me interesaba la vida. Mi primera relación me hizo muchísimo daño y el padre de mi hija, también». Y es que Alba siempre ha sido el motor de su vida. A ella se dedicó «en cuerpo y alma» en sus primeros años de vida. Por este motivo, «renunciar a la persona que más quería en mi vida» la sumió en un profundo dolor.

Mila tuvo un largo periodo en el que le tocó deambular sin rumbo. Este periodo convulso se prolongó durante 10 años «muy difíciles», como ella misma ha calificado. En ese tiempo «no fui feliz en ningún momento. A veces no recuerdo cosas de aquella etapa. Hay momentos de los que no recuerdo nada… Recuerdo que una amiga me dijo entonces que tenía suficiente con sacar la cabeza para respirar».

Su vida da un giro cuando recibe una llamada para trabajar en Telecinco. A principios de 200 se incorpora a la plantilla de colaboradores de la cadena, donde ha colaborado en los programas de mayor audiencia: ‘Crónicas marcianas’, ‘TNT’, ‘A tu lado’, ‘La Noria’. Y los más recientes: ‘Sálvame’ y ‘Sábado Deluxe’, en los que trabaja desde el año 2009, y ‘Supervivientes’, en el que participó en 2015. Desde entonces no ha parado de cosechar éxitos profesionales. Su talento para la comunicación, oficio al que se dedica desde los ochenta, ha sido tabla de salvación cuando alguna vez el destino se le ha torcido.

Una mujer fuerte y vulnerable a la vez

Tantas vivencias, buenas, malas y regulares, han hecho de Mila lo que es hoy en día: una mujer todoterreno, fuerte y vulnerable a la vez. Tan capaz de defender como una leona las ideas en las que cree -o en aquellos a los que quiere- como de romperse en público ante un instantáneo brote de fragilidad. Su resiliencia la ayudará a sacar fuerzas suficientes para afrontar su batalla contra el cáncer. De momento, está dispuesta a obedecer a pies juntillas a los especialistas. Hará lo que sea con tal de curarse. «Voy a hacer lo que me ha dicho mi médico. No sé como va a ser el recorrido, pero un día volveré al plato y diré: lo hemos conseguido. Hemos ganado la batalla. Tengo mucha suerte. Tengo familia, tengo amigos».

Ahora sus mejores aliados son sus seres queridos. En ellos se apoyará cuando sienta ganas de tirar la toalla. La actitud con la que afronta su enfermedad confirma que este mal que ahora debe vencer es solo una piedra más en su camino. «Me niego a tener una vida de enferma, porque esto se va a solucionar. Os juro que esto no me va a ganar ni de coña. Tengo las suficientes ganas de vivir como para que esto no me venga abajo», ha afirmado. Más claro, imposible. «Os juro por mis nietos que voy a salir adelante. Voy a salir de ésta. Jamás le he roto a mi hija un juramento. De esta salgo». Queda Mila para rato.