El director de cine, que no oculta su hipocondria, confiesa que no lleva nada bien la crisis sanitaria.


Woody Allen nunca ha ocultado que es un hipocondriaco. Pero no uno cualquiera: uno de manual. Maniático y obsesivo confeso, se dice de él que duerme sin descalzarse por miedo a la muerte o a tener algún accidente. Se toma la temperatura corporal cada dos horas y procura viajar siempre en avión privado por miedo a los gérmenes. Por tanto, no es de extrañar que desde que de desatara la crisis del coronavirus no se quite casi nunca la mascarilla.

El director de largometrajes como ‘Match Point’, ‘Todos dicen I Love You’ o ‘Vicky, Cristina, Barcelona’ ha hablado abiertamente de los miedos que lo acechan ante la pandemia en el 68 Festival de Cine de San Sebastián, donde ha presentado (por videoconferencia) la película inaugural, «Rifkin’s Festival», una cinta escrita y dirigida por él en la que figuran artistas españoles como Elena Anaya y Sergi López. Refugiado en su piso de Nueva York, donde espera «tiempos mejores», Woody Allen ha explicado que le inquieta el panorama actual.

«Estoy deseando que la vida vuelva a ser lo que era y espero que me pille vivo», decía a la agencia Efe el director de «Annie Hall» o «Manhattan». Cuando dice que «me pille vivo» hace una clara referencia a su temor a contagiarse. «Soy un cobarde, tengo miedo de contagiarme, he estado encerrado en mi casa durante meses«, ha asegurado. «Al principio no salíamos nada, luego pequeños paseos de una hora, pero no eran divertidos porque todo estaba cerrado y te daba miedo, te cruzabas con alguien y mirabas un poco por encima del hombro por si se acercaba demasiado».

«Todo colapsó por este terrible virus»

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Al menos le tranquiliza que en su ciudad la enfermedad parece controlada. «Los neoyorquinos han hecho un gran trabajo para eliminar el virus, y ahora afecta a menos del 1%, puedes pasear, con mascarilla y con cuidado». El Covid-19 ha frenado su frenético ritmo de trabajo. El director de cine suele estrenar una película al año. Tenía previsto rodar este verano en París, y también iba a estrenar una obra de teatro para Broadway. Pero ambos proyectos se han visto interrumpidos por el virus que ha paralizado el mundo. El coronavirus ha impedido también que visite San Sebastián, una ciudad que le fascina. «Toda mi familia estaba deseando ir, lo pasamos en grande ahí, nos encanta la ciudad, estábamos muy emocionados con la idea de ir al festival, ver a amigos, pasear por las calles…, pero todo colapsó por este terrible virus».

Mientras el coronavirus aceche al mundo, Woody Allen no parece dispuesto a trabajar en nuevos proyectos. «No quiero escribir más, no quiero acumular guiones en el cajón», ha confesado. «Me paso el tiempo deambulando por la casa, aunque soy meticuloso, me afeito a diario, hago mis ejercicios, toco el clarinete, pero la mayor parte del tiempo deambulo por la casa«.

Su última película, ‘Rifkin’s Festival’, se estrena en España el 2 de octubre

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La nueva película de Woody Allen, «Rifkin’s Festival», llegará a las salas de cine el próximo viernes 2 de octubre. La cinta narra el viaje al Festival de San Sebastián de un matrimonio: ella (Gina Gershon) es representante de un director de cine con un ego insoportable (Louis Garrel) y él (Wallace Shawn) es un escritor hipocondríaco y bloqueado (un personaje que parece calcado al propio Allen). Al llegar a España, ella tiene un idilio con un brillante director de cine francés y él se enamora de una guapa española (Elena Anaya).

Después de que la industria en Estados Unidos le haya dado la espalda: España se ha convertido en un apoyo para el cineasta. Su anterior película no fue distribuida en su tierra natal. «Yo no tengo control de la distribución, solo hago películas. Espero que la gente que la vea la disfrute, pero no sé que ocurrirá, escapa a mi control», ha explicado. De momento sigue en pie su denuncia contra Amazon, a la que pide 68 millones de dólares de indemnización.

El amor de Woody Allen en España tiene origen en San Sebastián, cuyo festival de cine ha visitado en varias ocasiones. La acogida de nuestro país al realizador se cristalizó en 2002, cuando recogió el premio Príncipe de Asturias de las Artes, una ciudad que hasta le ha dedicado una estatua. En 2008 rodó «Vicky Cristina Barcelona», con la que Penélope Cruz ganó el Oscar a mejor actriz de reparto.