El mundo está conmocionado con la muerte del jugador de la NBA Kobe Bryant en un accidente de helicóptero. Tenía 41 años y toda una vida por delante y ahora todo son dolor, lágrimas y multitud de incógnita, porque nadie comprende por qué el deportista pudo precipitarse hacia al suelo junto a su hija y otros 7 ocupantes en un trayecto que había realizado en infinidad de ocasiones y que suponía su rutina diaria.

Todo iba perfectamente y Kobe Bryant salvaba las distancias en su helicóptero Sikorsky S-76 del 1991 con el que se evitaba así los tediosos atascos de Los Ángeles, concretamente en la colina de Calabasas. Lo hacía a diario para acudir a sus entrenamientos, dado que tenía helipuerto en su propia casa. No obstante, esta vez no logró llegar a destino y son muchas las preguntas a las que tratan de dar respuesta para determinar qué sucedió.

Las principales pesquisas se centran en la posibilidad de que la niebla y las nubes bajas que reinaban ese trágico día pudiesen haber afectado la visibilidad del piloto. De hecho, las autoridades alertaron de los bancos de niebla e incluso el Departamento de Policía de Los Ángeles decidió dejar en tierra su flota de helicópteros con los que vigilan la ciudad cada día: “La situación climática no cumplía con nuestros estándares mínimos para volar. La niebla era suficiente como para que nuestros pilotos no volasen”, señalaba un portavoz del cuerpo.

Pese a ello, Kobe Bryant recibió un permiso especial para poder volar pese a que las condiciones climatológicas no eran las idóneas. En los últimos instantes del vuelo, el piloto se puso en contacto con los controladores aéreos para pedir un “seguimiento de vuelo” del helicóptero, que le permitía conocer en cada momento dónde se encontraba. No obstante, se perdió la conexión, la nave había caído y sus 9 ocupantes, con Kobe Bryant y su hija entre ellos, fallecieron al instante.

Un testigo visual del accidente ha relatado a ‘Los Ángeles Times’ que el helicóptero volaba “inusualmente bajo” y que en el momento del impacto se produjo “una gran bola de fuego”. Además, decía que “no sonaba bien y volaba muy bajo. Lo vi caer, pero era difícil distinguirlo, porque estaba muy nublado. Nadie podía haber sobrevivido a eso”.