La duquesa de Alba tenía la curiosa costumbre de pagar 180 euros al mes por una misa en recuerdo de sus difuntos maridos. Seis años después de su muerte, nadie de su familia paga cantidad alguna por oficiar una eucaristía en su memoria.


Este viernes a las siete de la noche, y con un aforo reducido a un tercio de su capacidad, se celebra en el Santuario de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias de Sevilla, conocida como de los Gitanos, una misa en recuerdo por el sexto aniversario de la muerte de Cayetana de Alba. Allí están depositadas parte de sus cenizas. El resto se encuentran en el panteón de los duques de Alba en la localidad madrileña de Loeches. También por la tarde, pero en Madrid, se oficia otra misa en su recuerdo, a la que previsiblemente acudirá el actual duque de Alba.

Hay varios cambios con respecto a las cinco misas anteriores en recuerdo de Cayetana, duquesa de Alba, en Sevilla. Esta vez se celebrará una hora antes, a las siete, porque la Hermandad del Cristo de los Gitanos tiene otro evento previsto a las ocho. Esta era la hora habitual antes de que las restricciones por el Covid justificaran las ausencias de los familiares de la aristócrata y obligaran, además, a reducir el aforo del Santuario.

Curiosamente, la mujer que reinaba con poderío en la nobleza española no era la mejor amiga de Francisco Franco, pero ambos han pasado juntos a la historia de las efemérides por haber muerto el mismo día: el 20 de noviembre.

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En este sexto aniversario de la muerte de Cayetana, las presumibles ausencias de familiares de la duquesa están más que justificadas. Las medidas Covid impiden el desplazamiento a Sevilla, tanto del viudo como de casi todos sus hijos. Tan solo Cayetano Martínez de Irujo tiene intención de acudir a la misa anual en su recuerdo ofrecida por su eterno descanso.

La curiosa costumbre que tenía la duquesa de Alba

Este recuerdo lo oficia todos los años el párroco Ignacio Jimenez Sánchez-Dalp. El religioso, además de oficiar el último matrimonio de la duquesa con el funcionario Alfonso Diez, ha sido su confesor y persona de máxima confianza. “Cayetana ha sido íntima amiga de mi familia desde siempre. La he atendido toda mi vida y lo único que le puedo ofrecer es una misa. Yo todos los días 20 de cada mes, la misa que celebro, generalmente en la Iglesia de Santa Maria de las Flores de Sevilla que es donde oficio, es en su recuerdo”, revela a SEMANA. Pero el enigma que se plantea desde la muerte de la duquesa Cayetana es quién ha continuado con una curiosa costumbre que ella tenía y que seguramente le hubiese gustado que ahora tuviesen con ella.

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Su confesor no lo aclara: “A mí en vida me pedía que diera misa todos los días por sus difuntos maridos. Todos los días Cayetana pagaba una misa en recuerdo de sus difuntos”. Concretamente, la duquesa desembolsaba religiosamente seis euros diarios por misa. 180 euros al mes por recordar a los maridos difuntos. “Los hijos», nos afirma Sánchez-Dalp, «no lo han continuado. Seguramente porque la sensibilidad y la religiosidad de los hijos no es igual que la suya”. Y ahí lo deja el párroco. Cayetana no tiene quien le pague una misa diaria por su alma, excepto los días 20, que es su párroco quien se la ofrece.

Cayetano, fiel a las misas en memoria de su madre

A la misa, que es solemne “porque es con órgano” -según aclara el religioso- “Cayetano ha venido todos los años, no ha faltado nunca. Viene gente de las asociaciones con las que ella colaboraba: Cáritas, Nuevo Futuro, Cruz Roja y un sinfín. «La misa no hay que organizarla porque la propia Hermandad de los Gitanos, yo mismo y la gente que la recuerda tenemos apuntada la fecha y tenemos esa cita con alguien inolvidable”, apunta. Cayetano, duque de Arjona, suele abanderarlo, pero en estos seis años de ausencia de la aristócrata se ha demostrado que no es necesario porque la duquesa es un personaje que trasciende a la familia Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart. Es un personaje popular. Las cenizas están repartidas entre Loeches y la Hermandad de los Gitanos.

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Han sido tantos años y tantas vivencias que el párroco y confesor de Cayetana de Alba, Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, sigue en contacto con toda la familia y especialmente con el viudo de la duquesa, Alfonso Diez. “Es un encanto de persona, suelo enviarme WhatsApps con él. Y hablamos con frecuencia de muchas cosas muy variadas, no de religión”.