Álvaro Morte, popularmente conocido ya en todo el mundo como ‘El Profesor’ por su papel en la exitosa serie de ‘La casa de papel’ de Netflix, está de vacaciones. El actor ha emplazado su disfrute estival en Palma de Mallorca y lo hace en compañía de su mujer, Blanca Clemente, y sus dos hijos, con los que ha protagonizado unas familiares estampas veraniegas que están llamando mucho la atención entre sus seguidores, que se cifran en millones por todo el planeta. El intérprete, a sus 46 años, goza de una popularidad sin límites, pero no ha querido que esto marque su tradicional destino de vacaciones porque, como así decía él mismo: “Deseo mantener mi vida normal. Soy una persona sencillita y quiero que la vida de mi familia y la mía siga siendo así”, asegura el actor, a quien le siguen más de 11 millones de personas en las redes sociales.

Lejos de toda ostentación, Álvaro Morte ha confiado sus días de asueto en la isla balear de Mallorca para disfrutar como un turista más en muy buena compañía. En las imágenes que acompañan a estas líneas se evidencia que el aspecto físico de ‘El profesor’ es envidiable y es que ha sabido cultivar sus músculos también en vacaciones, practicando uno de los deportes de moda junto a su mujer y sus hijos pequeños. Lo hace a bordo de una tabla de paddle surf, aunque optó por remar sentado, llevando a modo de góndola a su familia, que disfrutaba del tranquilo paseo por aguas baleares y de las inigualables vistas que ofrece Palma.

Álvaro Morte
Foto: Europa Press

Álvaro Morte se relaja de cara al estreno de la quinta temporada de ‘La isla de papel’, lo que supondrá un nuevo repunte de actividad en su ya ajetreada agenda profesional. Tendrá que conceder entrevistas, dejarse ver y promocionar la última temporada de la serie que le ha dado fama y reconocimiento internacional. Eso sí, para eso aún hay que esperar -el estreno está previsto para el próximo 3 de septiembre- y qué mejor manera que hacerlo en las playas de Palma de Mallorca, aunque durante su jornada en la playa haya tenido que atender a numerosas llamadas de teléfono que le evitaban disfrutar como tenía planeado, a juzgar el rictus serie que se le ponía cuando su móvil sonaba y debía atender a la llamada.