No nos han presentado, pero me cae guay. Empecemos por ahí. Sin embargo, Alessandro Lequio tiene ciertos aires clasistas que me rallan bastante.

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Alessandro Lequio es uno de los comentaristas televisivos que más juego sigue dando, año tras año.

Alessandro es un tipo inteligente, de verbo florido  (eso que el español no es su lengua materna), y rápido de reflejos. Me gustan su ironía e incluso su sarcasmo. Sin embargo, desde que le oí referirse a unos trabajadores como ‘obreretes’, con condescendencia y clasismo, mi infatuación por el heredero al trono español (no me acuerdo muy bien en qué puesto sucesorio está) se vino un poco abajo.

Ese ‘obreretes’ está muy en consonancia con los enemigos que se busca. Belén Esteban, por algo llamada ‘la princesa del pueblo’, ha sido su ‘punching-ball’ durante años, su némesis, la persona a la que más estopa le ha dado. Porque en el fondo nada se juega atacándola. Es más, estoy convencido que le divierte arremeter contra ella.

Belén ya ha aprendido, una vez curada, a ser más mesurada en sus respuestas a Lequio, y la guerra es más de salón que de trincheras, como antes, por lo que dan menos espectáculo televisivo. Pero no os preocupéis, que ya tiene sustituta…

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Alba Carrillo, mal que le pese, es de momento la nueva Belén Esteban de Alessandro.

El lugar de Belén lo ocupa ahora Alba Carrillo, como vaca sin cencerro desde que se separó de Feliciano: también haciendo amigos a diestro y siniestro y pisando charcos hasta que encuentre su arcoíris. Alessandro le dijo el otro día en toda su cara que su madre le recordaba a la de Dani Güiza (con todos mis respetos hacia esta señora) y se reconfortó al escucharse a sí mismo hablando de la modelo dos escalones por encima de ella. El clasismo al que antes hacía referencia.

Alba Carrillo, que se está dejando llevar por la visceralidad (normal, la herida aún no ha cicatrizado), dice que no quiere ser la Belén Esteban de Lequio, pero lo ha conseguido. Lo es. A no ser que administre mejor sus sentimientos, sus palabras y los mensajes cifrados que mande por las redes, seguirá alimentando el encontronazo mediático que tiene con Lequio.

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Belén Esteban ha tenido enfrentamientos legendarios con el ex de Sonia Moldes.

Lequio, a quien le aplaudo la brillantez de muchas de sus palabras, también ha dado duro hace unos meses a Mar Flores, quien ha demostrado ser mucho más elegante al no responderle. Ha despotricado contra Olvido Hormigos, quien sigue insistiendo en lo suyo (casi todo el mundo la cree) y se escuda en una imagen que él mismo ha alimentado para echar balones fuera. Juzga duramente el pasado de los demás pero cuando el suyo ha vuelto ha llegado a perder los papeles y ha arremetido hasta contra el programa que le da de comer.

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Olvido Hormigos dice que tuvo encuentros sexuales con Lequio. Casi todo el mundo la cree.

Hechas estas recriminaciones a Alessandro Lequio, que espero me perdone, no quiero acabar sin admitir mi ‘guilty pleasure’: me encanta que sea tan políticamente incorrecto. Y gozo cuando veo las caras escandalizadas ante algunos de sus comentarios.

En un mundo televisivo en el que se juzga severamente con criterios morales del siglo XIX, es de los pocos que se atreven a llamar a las cosas por su nombre, que no se escandaliza por comportamientos que muchos ponen en práctica y pocos confiesan. No está adocenado, no cae en el lugar común ni cae en la zafiedad, aunque se puede permitir ser vulgar porque es un registro que elige, una opción, y no una limitación, como es el caso de muchos que transitan por televisión. Por eso me encanta que Ana Rosa Quintana, que lo heredó en su programa cuando se hizo cargo de la mañana de Tele 5, lo siga manteniendo año tras año. Es un acierto.