Rocío Carrasco se ha confesado en el décimo capítulo de su docuserie sobre su hijo, David Flores, del que guarda un precioso recuerdo.


Este miércoles los espectadores son testigos una vez más de las vivencias de Rocío Carrasco a través de su docuserie. En el episodio número 10 la hija de Rocío Jurado se centra en su hijo menor, David, al que ella estaba profundamente unida y con el que se sentía muy amada. Sin embargo, su relación termina poco antes de contraer matrimonio con Fidel Albiac, una fecha que ella será incapaz de olvidar jamás. Aunque a Rocío Flores sí la hemos conocido en televisión, el hijo menor de Rocío y Antonio David es el gran desconocido. En este capítulo, ella descubre cómo es «su enano», alguien al que sigue adorando pase el tiempo que pase.

«Siempre ha sido un niño muy cariñoso, muy familiar.  A David en el colegio lo quería todo el mundo. David tenía amigos de todas las edades del colegio, enormes, más pequeños, de su clase. Los profesores también morían con él. Es alguien muy cariñoso, súper zalamero, muy gracioso. Ha sido siempre bondadoso, piadoso...de eso estoy muy orgullosa. En él sí conseguí instaurar ciertos valores que si no eran importantes, eran imprescindibles», ha explicado la protagonista del documental. Rocío habla de David susurrando y lo hace con una admiración tremenda, a pesar de que su contacto no exista desde hace años.

El joven de 22 años permanece al lado de su padre, Antonio David Flores y su hermana en Málaga, donde reside desde que rompiera relaciones con su progenitora. No obstante, Rocío asegura que siempre tendrá una espinita clavada en su corazón y esta no es otra que haber podido avanzar con él en ciertas situaciones rutinarias. ¿Su mayor freno? El propio miedo. «Me hubiese gustado que hubiera tenido su independencia. Me hubiese encantado mandar a David a por el pan, yo eso nunca lo he hecho. Que hubiera adquirido cierta independencia, antes de hacer eso pensaba y si el niño se cae y le pasa algo. He vivido el terror a la hora de educar, porque he tenido enfrente a alguien que se ha encargado de demostrar una imagen de mala madre. Me sentía amada, era locura…Le encantaba verme hacer de comer», ha recordado con una media sonrisa Rocío Carrasco.