El príncipe Azim de Brunei, segundo hijo del sultán que castiga a mujeres y homosexuales con crueldad, ha fallecido este fin de semana a los 38 años. Los motivos de su muerte son todo un misterio y desde palacio tan solo se guarda silencio


Siete días de luto oficial es el que se ha establecido en la pequeña nación de Brunei de las Islas de Borneo, tras la muerte del segundo hijo del actual sultán del país, Hassanal Bolkiah, el príncipe Haji Abdul Azim. El joven príncipe ha fallecido a los 38 años de edad el pasado sábado a las 10 de la mañana, aunque después de estos escuetos datos poco o nada más se ha comunicado de manera oficial sobre su fallecimiento, especialmente las causas de su muerte, las cuales se mantienen aún bajo un velo de secretismo que está despertando las suspicacias y especulaciones de todo el mundo.

Aunque desde el palacio no se han ofrecido mayores informaciones sobre las circunstancias que han rodeado a su trágica muerte, ya hay varios medios internacionales que aseguran que el príncipe Azim ha fallecido tras batallar con valentía contra una larga y dura enfermedad, como así desvela ‘The Star’, aunque sin confirmación oficial que desvele el misterio. De hecho, desde la citada publicación se asegura que los últimos días con vida del hijo del sultán tuvieron lugar con un hospital como escenario y junto a su familia, que ha permanecido al lado de su cama hasta sus últimas horas.

Aunque el príncipe Azim de Brunei era el cuarto en la línea de sucesión al trono que ocupaba su padre, él nunca ha mostrado interés por su vertiente institucional y oficial, desarrollándose por otros menesteres. Los derroteros que alegraban los días al joven Azim iban más unidos al mundo del espectáculo, la cultura y las artes. De hecho, ha hecho sus pinitos en el mundo de la moda, llegando a desfilar en importantes pasarelas de todo el mundo como modelo junto a Naomi Capbell, por citar tan solo un ejemplo. Una vertiente pública que le alejaba de su familia y su condición real, pero que le convertían en una auténtica celebrity que situaba en el mapa su país en todo el mundo, atrayendo la atención mediática por su excéntrica forma de entender el mundo y las últimas tendencias, a las que siempre se veía atraído.

El príncipe Azim, víctima de la política cruel de su padre

El príncipe Azim ha tenido la suerte de crecer en una familia real y tener como padre a uno de los hombres más ricos del mundo. Una tranquilidad que le ha ayudado a desarrollarse personal y profesionalmente sin preocuparse por los problemas mundanos. Eso sí, esto también le traía muchos problemas y es que chocaba su abierta forma de entender el mundo, su pasión por las artes creativas y su apoyo a la modernidad, mientras su padre instauraba leyes tan retrógradas como las que permitían que se lapidasen a mujeres hasta la muerte tras ser acusadas de adúlteras o se castigaba físicamente con torturas propias de siglos atrás a los homosexuales que decidían vivir sin miedo sus propias vidas. Algo que provocó que muchos de los integrantes de la jet set internacional con los que se codeaba le dieran la espalda y dejaran de contar con su presencia en los grandes acontecimientos sociales.

La fortuna personal del príncipe Azim estaba valorada en más de 4.000 millones de euros. Este ingente montante le ayudó a cumplir sus sueños y, de paso, lavar su imagen pública para minimizar los impactos que las leyes de su padre tenían en todo el mundo. No solo financió su compañía cinematográfica y organizaba fiestas de lujo para celebrar su cumpleaños rodeado de grandes estrellas del star system. También realizaba jugosas donaciones a la caridad para ayudar a los más desfavorecidos y así compensar el daño que su padre hacía por otro lado y en el que él prefería no participar. De hecho, no llegó a pronunciarse al respecto en sus apariciones públicas y cuando era preguntado sobre las maniobras políticas de su padre y su forma de castigar a las mujeres y los homosexuales, él guardaba prudente silencio. El mismo que ahora mantienen desde el gabinete de prensa del palacio, que prefiere no dar más detalles sobre cómo se ha producido su muerte o la supuesta enfermedad que aquejaba y que habría terminado con sus días.