Los reyes Guillermo y Máxima de Holanda presiden el Día del Recuerdo en honor de los caídos, mientras la reina llora también en privado la pérdida de un querido tío suyo.


Los reyes Guillermo y Máxima de Holanda cumplieron un año más con su cita en el Día del Recuerdo, como cada 4 y 5 de mayo, una cita que comenzó para honrar a los caídos de la II Guerra Mundial y ahora se extiende a todas las víctimas nacionales en conflictos y misiones humanitarias. Al igual que el año pasado, las restricciones por la pandemia obligaron a celebrar una ceremonia más reducida y cumpliendo con las medidas de seguridad, lo cual no le restó emoción y solemnidad.

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Máxima reaparecía solo dos días después de conocerse la muerte de su tío, Jorge Horacio Cerruti, único hermano varón de su madre, a los 77 años y a consecuencia de la Covid. La reina consorte vestía de negro luto en consonancia con el acto al que asistía, pero suponemos que dentro de su corazón también arrastraba el dolor por la pérdida de un ser querido con el que, además, sostuvo lazos muy fuertes durante su infancia y juventud. La reina no pudo volar a su Argentina natal para despedirse de su tío, en el funeral celebrado el pasado sábado en el panteón familiar en Pergamino, en la provincia de Buenos Aires.

DURAS PÉRDIDAS

En los últimos años Máxima ha tenido que afrontar la pérdida de su padre, Jorge Zorreguieta, en agosto de 2017, fallecido a los 89 años; y al año siguiente, la de su hermana menor, Inés Zorreguieta, quien se suicidó tras luchar contra la depresión con solo 34 años.

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El Día del Recuerdo tuvo lugar en la céntrica plaza Dam de Ámsterdam, donde se reunieron un escogido grupo de autoridades políticas y militares. Como es costumbre, Guillermo y Máxima depositaron una corona a los pies del Monumento Nacional que preside la plaza y rezaron ante él durante unos momentos.

Máxima de Holanda lucía una capa larga y un casquete en el pelo. El único elemento que destacaba entre tanta sobriedad era su broche de brillantes con una gran perla y los pendientes a juegos. Aunque la soberana lógicamente no debía estar con su mejor estado de ánimo, profesionalidad obliga, y ella no falló. El evento no era propicio para gestos relajados (como sí les vimos a los soberanos con sus tres hijas festejando poco antes el Día del Rey, en el 54 cumpleaños de Guillermo), pero Máxima no renunció a mostrar su sonrisa ante el poco público presente.