Una vez más, Ernesto de Hannover la ha vuelto a liar. El exmarido de Carolina de Mónaco ha vuelto a mostrar su lado más agresivo y desagradable. Su nueva escena de grosería y mala educación ha tenido lugar este martes en Madrid. El aristócrata salía de un bar de la capital en compañía de un amigo. Mientras caminaba por las aceras, un reportero de una agencia gráfica se ha acercado a él para preguntarle por la demanda que interpuso contra su hijo mayor, Ernesto Augusto, al que le reclama la devolución de los castillos de Marienburg, de Calenberg y Herrenhausen y lo acusa de «ingratitud». Su reacción al toparse con las cámaras ha sido, lamentablemente, la habitual en él.

Visiblemente alterado, se enfrenta a los medios y los ha amenazado con un «Do you want me to fuck you?», que en la lengua de Cervantes viene a significar: «¿Quieres que te joda?». Un verdadero alarde de malos modales para alguien que se ha ganado a pulso el sobrenombre de ‘Ernesto de Hangover’ (en castellano: resaca) dados sus constantes problemas con el alcohol.

Ernesto de Hannover novia
© Gtres.

En la actualidad, Ernesto de Hannover reside en Madrid, donde también tiene fijada su residencia su hijo Christian, casado con Sassa de Osma. Su estancia en la capital de España le permite estar cerca de los hijos que este tiene con la peruana, los mellizos Nicolás y Sofía. Aquí también tiene a su actual pareja, Claudia Stilianopoulos, hija de la fallecida Pitita Ridruejo. Sin embargo, la cercanía de sus seres queridos no parece causar un efecto demasiado positivo en sus maneras, siempre cargadas de exabruptos.

Ingresó en un ‘hotel de salud’ para desintoxicarse el pasado verano

Cierto es que el príncipe alemán ha intentado en varias ocasiones dejar aquello que provoca sus constantes cambios de humor: su adicción al alcohol. El pasado verano, sin ir más lejos, se supo que había ingresado en Vivamayr, un centro de ayuda conocido como ‘hotel de salud’ en el que siguió tratamiento para poner orden sus hábitos de vida. Permaneció allí varios días, pero más que por voluntad propia, lo hizo por indicación judicial. Hace apenas unos meses, el ‘royal’ libró de la cárcel después de que se celebrase un juicio por haber agredido verbal y físicamente a varios trabajadores del pabellón de caza austriaco en el que residía entonces. Los hechos sucedieron en julio de 2020. Un año más tarde, en la Corte Regional de Wels en Austria, la fiscalía pedía para él hasta tres años de prisión. En su defensa alegó: “Asumo toda la responsabilidad, estoy muy arrepentido por lo ocurrido y estoy dispuesto a pagar los daños. No recuerdo parte de lo sucedido”.

Tuvo suerte y se libró de una pena tan severa bajo condición de cumplir con diez meses de libertad condicional, pagar una indemnización a los trabajadores a los que había agredid y la imposibilidad de acercarse a ellos. A esta lista de condiciones, el juez determinó que también que debía de dejar la bebida, ya que cuando propinó golpes a sus empleados se encontraba estado de embriaguez. Pero su breve paso por un centro especializado de poco le ha servido. Ernesto ha vuelto a las andadas y ha reincidido en su mala costumbre de agredir verbalmente a quien se le pone por delante.