Ernesto de Hannover amenazó a sus empleados y a la policía que acudió en su auxilio. Ahora una juez le prohíbe beber alcohol y le condena a prisión. El ex de Carolina de Mónaco pide perdón, pero dice no recordar lo sucedido


El alcohol siempre ha sido un problema para Ernesto de Hannover. No solo por cómo las imágenes en las que aparece perjudicado han ensuciado el buen nombre de la familia principesca de Mónaco, sino especialmente por los líos judiciales en los que le ha ido metiendo en los últimos años. El exmarido de la princesa Carolina de Mónaco se ha sentado en el banquillo de los acusados en el Tribunal Regional de Wels en Austria para responder ante su comportamiento violento del pasado verano. Lo hacía sereno, por la puerta de atrás reservada exclusivamente a los detenidos que aguardan en los calabozos aledaños y dispuesto a escuchar la sentencia del juez por las amenazas que realizó a algunos de sus empleados y a la policía el pasado mes de julio, mientras se encontraba bajo los efectos del alcohol y ciertos medicamentos. Él se ha declarado “inocente”, pero el juez encargado de su caso ha estimado que es culpable.

Los hechos por los que Ernesto de Hannover vuelve a tener problemas con la justicia tuvieron lugar el pasado mes de julio de 2020 en el pabellón de caza austriaco en el que vive desde hace unos años. Los empleados del aristócrata llamaron a la policía ante las amenazas de un jefe en estado de embriaguez. Cuando los agentes se personaron en su residencia, Ernesto de Hannover seguía en actitud violenta e incluso trató de agredir a uno de sus empleados, algo que la propia policía pudo certificar como testigo. Fue un suceso delicado que terminó con el ingreso en una institución psiquiátrica del jefe de la casa de los Güelfos por orden facultativa. Aun así, parece que no terminó recuperándose de sus problemas con el alcohol y con el control de la ira, pues se vengó de la detención y amenazó con un bate de béisbol a los agentes que le pusieron en disposición judicial.

Foto: Gtres

La pena que pendía sobre Ernesto de Hannover amenazaba con llevarle a prisión hasta tres años. Finalmente, el juez, tras atender a ambas partes, ha estimado una condena de diez meses de cárcel en régimen de libertad condicional. Pero quizá esto no sea lo que más le afecte, pues la juez ha sentenciado además que no puede vivir más en el pabellón de caza de Auerbach en Grünau im Almtal, donde tuvo lugar los sucesos y donde trabajan los empleados que le han demandado. No puede acercarse a ellos, por lo que debe encontrar una nueva residencia. Además, la magistrada le ha declarado como “persona non grata” en Austria y le ha prohibido volver a consumir alcohol y le obliga a someterse a psicoterapia para superar sus problemas de adicción y para aprender a controlar sus impulsos de ira.

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Aunque son muchos los medios que han destacado el supuesto trato de favor recibido por Ernesto de Hannover a la hora de acceder a la sala de juicios, otros han subrayado también su cambio de actitud. El controvertido exmarido de la princesa Carolina de Mónaco ha entonado el mea culpa, a pesar de declararse inocente en un primer momento. Lo hacía pidiendo perdón por el daño causado y aceptando su destino sin reparos: “Asumo toda la responsabilidad, estoy muy arrepentido por lo ocurrido y estoy dispuesto a pagar los daños. No recuerdo parte de lo sucedido”, confesaba el aristócrata ante la juez, que decía haber olvidado los delitos por los que respondía ante la justicia. No había problema, la fiscalía se los recordó, enumerando que era acusado de resistencia a la autoridad, lesiones graves, amenazas y coacciones bajo los efectos de una intoxicación causada por la ingesta de alcohol y diversos medicamentos.

Ernesto de Hannover le echa la culpa a su hijo

Aunque la juez dicto una condena de 10 meses de prisión para Ernesto de Hannover, este se resistió a la sentencia desfavorable tratando de escurrir el bulto echándole la culpa a su hijo mayor, Ernesto de Hannover Jr. Sus abogados expusieron la delicada situación personal en la que se encontraba su cliente, inmerso en una batalla familiar y tras haber sido operado de un cáncer.

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“Se sintió abandonado. El hecho de haber estado aislado de su familia y haber sido abandonado tras su operación de cáncer le ha pasado una factura física y psicológica”. Unas excusas que parece que no conmovieron a la magistrada, que además de condenar su actitud con la correspondiente pena de prisión, también le ha obligado a dejar el alcohol, la principal fuente de problemas para Ernesto de Hannover desde hace décadas.