La princesa Charlène de Mónaco se quita años sin necesidad de someterse a retoques estéticos: ¡Un flequillo es suficiente!


La princesa Charlène de Mónaco, esposa del príncipe Alberto, ha retomado ya la vida pública de una forma más o menos normalizada. Las largas semanas de confinamiento han llegado a término y parece que su agenda se va cargando de actividades. Su última aparición ha llegado con sorpresa: un nuevo look que no solo le sienta de maravilla, sino que le resta años… Lejos de lo que pueda pensarse, Charlène no ha recurrido a sus habituales retoques estéticos, gracias a los cuales ha logrado transformar su rostro a lo largo de la última década. Esta vez ha preferido seguir una técnica o truco que suele funcionar y tiene un bajo coste: el flequillo.

La Familia Real de Mónaco reaparecen muy protegidos en su vuelta a la vida pública.

Así, con el pelo recogido, lo cual indica que se lo está volviendo a dejar largo, y luciendo un ligero flequillo, ha lanzado un nuevo mensaje desde su propia Fundación. La princesa se dirige a sus «compatriotas» de Sudáfrica y a la división benéfica de la fundación en su país natal para que apoyen su última campaña, titulada Fuertes Juntos. Charlène agradece las donaciones, que van destinadas a 45 organizaciones benéficas del país para ayudar a las comunidades más desfavorecidas. Una tarea en la que también ha involucrado a famosos de todos los ámbitos (cultura, deporte, música, arte).

Charlène de Mónaco tiene 42 años, de los cuales los casi últimos nueve han estado ligados a un mundo completamente distinto a su origen: la realeza. Tras su boda con Alberto de Mónaco dejó atrás su mundo como deportista de élite (era nadadora) y se convirtió en princesa. Mirada con lupa por los admiradores de sus grandes predecesoras, como Grace de Mónaco, y su cuñada Carolina de Mónaco, la joven siempre ha tratado de estar a la altura, pese a las críticas. Cuando el 10 de diciembre de 2014 dio a luz a los mellizos Jacques y Gabriella, las expectativas de dar un heredero al Principado se vieron cumplidas y ella al fin empezó a respirar más tranquila. Tanto que se apunta a una relajación máxima también en su relación con Alberto, siempre puesta en entredicho entre rumores de crisis e incluso de montaje.

Son sonadas las a menudo largas ausencias de Charlène en público. Retirada en su villa de Roc Agel, frente al Mediterráneo, comprada por el príncipe Rainiero en 1957,  se siente más a gusto que en el palacio Grimaldi de Montecarlo. No obstante, todo esto ha cambiado sutilmente en los últimos días. Las últimas apariciones junto a Alberto muestran a una Charlène afectuosa, más cercana con su marido, del que incluso se agarra del brazo y con el que comparte una comida en familia el Día de la Madre. Antes no eran habituales estas imágenes. El príncipe también ha superado el coronavirus durante el confinamiento, lo que sin duda habrá influido. Su aspecto refleja esa relajación. El pelo más largo, el maquillaje natural, el atuendo sencillo… Y un flequillo que le hace retroceder una década en el tiempo.