La Princesa ha cumplido 42 años desafiando al paso del tiempo retoque a retoque. En la fiesta de la patrona del Principado, junto a su marido e hijos, lució nueva expresión...


La Familia Real de Mónaco al completo presidió una de las grandes celebraciones del Principado, el Día Santa Devota, una tradición muy querida que cumple con un antiguo ritual. A la festividad acudieron todos, el príncipe Alberto y su esposa, Charlène, y los dos hijos de la pareja, los mellizos Jacques y Gabriella. Los pequeños, de cinco años, suelen acaparar el protagonismo en sus apariciones públicas, y esta vez no fue menos. Cada día hacen más gala de su simpatía y espontaneidad y con ello hacen las delicias de sus padres y del pueblo monegasco. Pero en esta ocasión no solo ellos llamaron la atención… Tenemos que hablar de la Princesa.

Charlène de Mónaco mide muy bien cada uno de los compromisos oficiales en los que se deja ver. El hecho de que no se prodigue demasiado hace que a menudo se hable de crisis matrimonial con Alberto, pero la sangre nunca llega al río. Al ser tan escasas estas comparecencias, eso hace que redoblemos la mirada sobre ella y esta Santa Devota hemos detectado ligeros cambios en su fisonomía.

La Princesa, que justo el día antes (el 25 de enero) cumplió 42 años, ha reaparecido con un rostro ‘nuevo’. Más redondo y pleno, con los labios más voluminosos, la piel más tersa y brillante… En su caso no son novedosos los retoques estéticos a los que se ha sometido desde que llegó a la realeza. Apenas queda algo natural en su cara desde que la conocimos como novia de Alberto siendo aún una nadadora. Una rinoplastia, rellenos de ácido hialurónico, bótox, etc etc y otro sinfín de tratamientos después, Charlène se empeña en desafiar al paso del tiempo con todas las técnicas que tiene a mano. Para empezar este 2020 ya ha pasado por el ‘taller’ y este es el resultado.