Entre los invitados al solemne funeral de la Infanta Pilar en el monasterio de El Escorial hemos visto a Tita Thyssen. A algunos puede haberles sorprendido, pero lo cierto es que entre ambas mujeres había una relación que, o bien pocos conocían, o bien muchos ya habían echado al saco del olvido. ¿Cuál era la verdadera conexión entre Doña Pilar y la baronesa Thyssen?

Hubo un tiempo en el que la familia de Pilar de Borbón y la del barón Heini Thyssen gozaban de una complicidad y confianza poco usual. El propio aristócrata había sido íntimo de Don Juan de Borbón. Su amistad se fue fraguando a la sombra del padre de la Infanta, y continuó con ella y su marido. Especialmente con Luis Gómez-Acebo. Cuando se gestó la llegada a Madrid de magnífico Museo Thyssen-Bornemisza, que hoy es uno de los grandes orgullos de la Milla del Arte, los duques de Badajoz estrecharon aún más los lazos. Todos sabemos el poder de influencia que tuvo la entonces esposa del aristócrata, Carmen o Tita Thyssen (antes Cervera), para que dicha pinacoteca estableciera su sede en la capital, así como también el del duque de Badajoz.

El marido de Doña Pilar entró a trabajar en el equipo directivo del museo. Antes había sido presidente de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Gracias a esto los encuentros entre ambas parejas se multiplicaron. Había inauguraciones de exposiciones, galas benéficas, pero también cenas en sus respectivos domicilios y vacaciones compartidas en Mallorca y Marbella.

Más allá de la cultura y los altos círculos de la nobleza les unía una inequívoca simpatía. Tanta como para que el marido de la Infanta fuese el elegido como padrino de bautismo del hijo de Tita, Borja Thyssen, en una ceremonia que tuvo lugar en Nueva York.

Una vez fallecido el barón, el contacto entre Doña Pilar y Tita se mantuvo fresco. El apoyo era mutuo y ninguna faltaba en las grandes causas patrocinadas por la otra. En los últimos años se vieron en numerosas ocasiones, por supuesto también en la fiesta del 25 aniversario del museo, en 2017. La Infanta Pilar también era patrona de la pinacoteca, puesto elegido directamente por Tita. Es de suponer que en privado las dos mujeres seguían mostrándose su cariño. Por eso la baronesa Thyssen no podía faltar para dar su último adiós a una persona tan importante en su vida. Nobleza obliga.

1Aquellos maravillosos veranos

El barón Thyssen y su esposa española, Tita, se hicieron muy amigos de Don Juan de Borbón, en primer lugar, a quien solían agasajar en sus mansiones de verano. Cuando aquel murió, en 1993, su hija mayor, la Infanta Pilar, fue igual de bien recibida. Incluso se fueron juntos en el barco de Heini al Caribe, según recordaba Tita hace poco.

2Juntas en 1989, en Mallorca

Tanto en Mallorca, donde Doña Pilar tenía una casa, como en Marbella, donde la tenían los barones Thyssen, los encuentros al calor del sol y el mar eran frecuentes.

3Reuniones familiares

El contacto llegaba hasta la intimidad de sus respectivos hogares. En España y en Lugano (Suiza), donde Doña Pilar y su marido eran invitados fijos en sus fiestas. Luis Gómez-Acebo Gómez-Acebo era miembro del Thyssen Bornemisza Collection Trust, la sociedad creada por el barón y sus herederos para garantizar la unidad de la colección y su perfecto estado.

4En su nómina

Tita Thyssen puede elegir dos patronos ‘propios’ para el museo Thyssen. Según declaró recientemente en La Razón, para uno de ellos eligió personalmente a Doña Pilar, de la que siempre alabó su gran labor.

5"Una gran dama"

En palabras de Tita para dicho diario, la Infanta era «una gran dama, muy divertida, con muchísimo sentido del humor y siempre una mujer valiente, como su padre y su hermano, que son personas honorables».

6"Nuestra amistad ha sido estrecha y muy especial"

«Nuestra amistad ha sido estrecha y muy especial. Me gustaría destacar su amor por España, su sentido de la amistad y su buen humor».

7Celebrando los 25 años del museo Thyssen

8Entre los invitados a su funeral en El Escorial

9Recordando los buenos tiempos

Siendo las dos ya viudas, Tita asegura que solían reunirse a comer, a charlar y recordar viejos y queridos tiempos. Hoy ya la echa de menos.