La reina Isabel II está cumpliendo con las directrices marcadas por su médico de guardar reposo para proteger su salud. Ha vuelto a ausentarse de un acto y el revuelo ha sido mayúsculo, pese a los intentos del palacio de llamar a la calma sobre su estado


La reina Isabel II de Inglaterra no se siente cómoda cuando la atención mediática se centra en su salud y es que eso entiende que es motivo de debilidad y no está dispuesta a ofrecer esa imagen mientras permanezca sobre el trono británico. Sin embargo, una vez más, su agenda oficial como representante de la Corona se ha visto interrumpida y modificada por prescripción médica, lo que vuelve a provocar una avalancha de especulaciones, dimes y diretes sobre cómo está en realidad la soberana. Y es que no es común que la reina Isabel II se ausente a una de sus citas más tradicionales, como es su visita de este domingo a la Capilla de Todos los Santos en Windsor, la cual este año no se ha podido producir.

Los médicos han vuelto a poner el freno a la reina Isabel II de Inglaterra y le alertan de que debe seguir sus directrices si quiere asegurarse el trono durante una temporada más. La monarca tiene en mente la celebración de su Jubileo de Platino, el cual celebra sus 70 años en el trono, y es quizá por esto por lo que la soberana ha aceptado a regañadientes cumplir con las prescripciones médicas, portarse bien y no exponerse a posibles sustos que pongan en jaque su esperada celebración. Unas constantes noticias que caen a cuentagotas en la opinión pública británica que están provocando una alarma sobre su salud.

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Desde palacio se trató de silenciar que la reina Isabel II había permanecido ingresada en el hospital la noche del miércoles al jueves. Se trataba de un mero chequeo, un análisis rutinario para comprobar que todo está perfectamente y que, al parecer, se alargó más de los esperado y obligó a la monarca a pasar la noche ingresada en el hospital. Pero esto tan solo lo sabía el público gracias a la publicación de la revista ‘Mirror’. Una publicación que forzó al palacio a mandar un comunicado de prensa dando por cierto cada punto de lo expuesto, eso sí, horas después, lo que trajo consigo un sentimiento de secretismo forzado que nada ha gustado.

“Estoy encantada de que no haya ido a la iglesia, porque tal vez esté escuchando y aceptando dar un paso atrás temporalmente”, se alegra de la ausencia de la reina Isabel II en el acto religioso la escritora Angela Levin del citado medio. Al parecer, este descanso gusta mucho a sus súbditos, porque le otorga de fuerzas a la soberana y perpetúa su presencia en el trono, aunque para eso deba aparcar sus responsabilidades momentáneamente en su hijo, el príncipe Carlos, heredero de la corona. “Ir a la iglesia un domingo parece un evento pequeño, pero es algo muy importante para la reina y para cualquier mujer de su edad. Es muy religiosa y es muy importante para ella personalmente ir a la iglesia todos los domingos”, sostiene. Sin embargo, esta vez la opinión del médico que sigue su caso ha pesado más que su pasión religiosa.

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Desde el palacio de Buckingham quieren llamar a la calma y no dejarse seducir por los titulares más sensacionalistas de la prensa británica que juega a acrecentar lo que en realidad le sucede a la reina Isabel II. Tiene problemas de salud, por supuesto, dado que tiene 95 años y pese a su condición real, también es humana. Sin embargo, aseguran que “no hay necesidad de preocuparse”, que las últimas visitas de la soberana al hospital han tenido un motivo preventivo, para realizarle análisis y controles para perpetuar su buena salud. Intentos de llamar a la calma que no convence a todos, más teniendo en cuenta que ya guardaron silencio sobre cuestiones que a todos atañen y que podrían marcar el rumbo de la historia del país como puede ser la buena o delicada salud de su mandataria.