El esposo de la reina de Inglaterra ha fallecido en Windsor tras no superar su último bache de salud. El 10 de junio hubiera cumplido 100 años.


Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel de Inglaterra, ha fallecido hoy a los 99 años de edad, en el castillo de Windsor, según ha comunicado el palacio de Buckingham. Lo hacía tras superar su último gran bache de salud, un ingreso que le mantuvo en el hospital durante casi un mes y en el que fue intervenido de una dolencia cardíaca.

En Windsor se encontraba a su lado su esposa, Isabell II, a punto de cumplir los 95 años (el próximo 21 de abril), con quien ha pasado toda una vida y tiene a sus cuatro hijos: los príncipes Carlos, Ana, Andrés y Eduardo. Reino Unido llora en estos momentos su muerte, pues pese a sus controversias ha sido una figura muy presente en todos los asuntos de Estado, siempre al lado o detrás de la soberana, para quien era su fiel consejero.

Gtres

«Él ha sido mi fuerza y mi apoyo durante todos estos años», llegó a decir la reina durante el banquete por sus bodas de oro en 1997. Una definición perfecta para un hombre cuya fuerte personalidad a menudo tuvo que aplacar. Dicen que el duque de Edimburgo no llevaba del todo bien ejercer de secundario en el trono, pero acabó aceptándolo y siendo esa columna en la que su mujer podía confiar en los buenos y malos momentos.

«Yo y toda mi familia, al igual que otros muchos países, le deben una gran deuda que él nunca reclamará ni que nunca sabremos», dijo de él la reina Isabel. Felipe ha sido el miembro de la realeza que más años ha servido a su país, desde 1952 hasta el 2 de agosto de 2017, cuando decidió retirarse de la primera línea de vida oficial. Aún así, hasta hace no mucho, había seguido apareciendo en algunos actos contados. Le vimos posando con su mujer en Windsor durante la pandemia, en la primavera de 2020 (de pie y sonriente); ese mismo verano en la boda de su nieta Beatriz de York de nuevo en Windsor; y el pasado noviembre celebrando su 73 aniversario de boda…

Su última aparición fue, precisamente, a su salida del hospital Edward VII de Londres, a mediados de marzo. Allí entró por su propio pie y permaneció 28 días ingresado, en un principio a causa de una infección. Más tarde se complicó su situación y tuvo que ser sometido a una operación por una dolencia cardiaca. Su hijo mayor, el príncipe Carlos, le visitó brevemente en el hospital. A su salida, su imagen dentro del vehículo que lo llevaba de vuelta a casa evidenciaba las secuelas de la enfermedad y su debilidad, lógicas teniendo en cuenta su avanzada edad.

El próximo 10 de junio hubiera cumplido 100 años, un aniversario que a todos les hubiera encantado celebrar con él, pero que desgraciadamente no ha podido ser. Hombre elegante, culto y con un sentido del humor agudo y a veces hasta algo inoportuno, se va el gran amor de la reina de Inglaterra dejando tras de sí una vida inolvidable.