La hija de Andrés de Inglaterra y Sarah Ferguson aplaza su boda con Edoardo Mapelli, que iba a ser el próximo 29 de mayo, obligada por las circunstancias.


Era algo sobre la mesa desde hacía semanas, pero al fin se ha confirmado. Beatriz de York no se casará el próximo 29 de mayo con su prometido, el empresario angloitaliano Edoardo Mapelli, debido a que las circunstancias sanitarias hubieran convertido esta boda en un evento de riesgo. Muchos de los invitados ya habían declinado su asistencia, y pese a todo los novios han seguido adelante con la esperanza de que la situación mejorase. No ha sido así y para evitar más incertidumbre ya han decidido suspenderla de manera oficial.

Es un varapalo para la pareja, quien había puesto una enorme ilusión en el que iba a ser su gran día. La boda se iba a celebrar en el palacio de Saint James de Londres, a la que seguiría una recepción en los jardines del palacio de Buckingham. Por ahora no han ofrecido una fecha para más adelante. Simplemente van a esperar a cómo se desarrollan los acontecimientos y volver a reubicar todo. Según informa una fuente anónima a People, las tarjetas de invitación ni siquiera llegaron a ser cursadas.

Movidos por esos deseos de unir sus vidas, Beatriz y Edoardo al principio optaron por una solución intermedia, eliminando la recepción de los planes e incluso planteándose la posibilidad de celebrar el matrimonio en la más estricta intimidad, rodeados de algunos familiares y amigos. Esto tampoco era lo más seguro, de modo que al final han tenido que claudicar. La princesa y el empresario forman parte de un amplio colectivo de parejas que se han quedado esta temporada ‘compuestas y sin novio’.

De todas formas, este enlace siempre tuvo unas dimensiones algo más reducidas si se tiene en cuenta el baremos de bodas reales. Incluso habían renunciado al desfile en carruaje posterior al ‘sí, quiero’, porque los novios deseaban una boda de perfil más bajo. Iba a ser más modesta que la boda de la propia hermana de la princesa, Eugenia de York, quien contrajo matrimonio en Windsor el 12 de octubre de 2018. Y por supuesto, mucho más que la del príncipe Harry y Meghan Markle. Al fin y al cabo, Beatriz no forma parte de la línea principal de ‘royals’ dentro de los Windsor y, de hecho, pese a sus esfuerzos por no despilfarrar, ya estaban recibiendo algunas críticas por el coste económico y que parte fuera sufragado por las arcas públicas.

Beatriz de York y Edoardo Mapelli se prometieron el pasado septiembre en Italia tras poco más de año y medio de noviazgo. Él está separado de la arquitecta Dara Huang, con quien tiene un hijo, Christopher, llamado cariñosamente Wolfie, de cuatro años. Precisamente el niño iba a tener un protagonismo especial durante la ceremonia al acompañar a su padre en el altar.

En cuanto a la novia, naturalmente iba a ser su padre, el príncipe Andrés de Inglaterra, el que la condujera hasta el altar. Hubiera sido una reaparición por todo lo alto del tercero de los hijos de la reina Isabel, después de que el pasado noviembre anunciara su retirada de la realeza. Los escándalos sucesivos motivados por su relación con el magnate Jeffrey Epstein, condenado por tráficos sexuales y muerto en la cárcel el pasado verano, lo han colocado en una posición muy incómoda de cara a la sociedad. Además, también tiene que hacer frente a las acusaciones de abuso sexual por parte de una joven que, en su momento, mantuvo relaciones con él siendo menor de edad. Aunque su imagen en estos momentos no puede ser peor, el príncipe no quería fallarle a su hija mayor.

Por supuesto, el príncipe Andrés cuenta con el apoyo de sus dos hijas y también con el de su exmujer, Sarah Ferguson. Hace justo unos días se les veía a ambos juntos en su residencia de Royal Lodge preparando lotes de comida para repartir a los hospitales. Aunque la pareja se divorció en 1996, su relación de ilustres separados llama mucho la atención.

Así pues, Beatriz de York y su prometido tendrán que esperar para celebrar su boda. Lo más probable es que se posponga hasta la primavera del año que viene, cuando sea más seguro que esto haya pasado y los invitados puedan asistir sin cortapisas. Mientras tanto, la pareja seguirá su vida, cada uno cumpliendo con sus respectivos trabajos, hasta que pase el temporal. Entonces la princesa al fin brillará de blanco como se debe en un día que será inolvidable por los mejores motivos.