Las pecas pueden acompañarnos toda la vida o aparecer en un momento determinado por causas externas. Sea como sea, hay que protegerlas de los rayos solares.


Con el calor y el sol nuestra piel cambia. Consigue un tono más dorado, pero si no tenemos cuidado también pueden remarcarse algunos problemas cutáneos como las manchas. Y para aquellos que tengan pecas, estas también pueden acentuarse y la luz del sol puede propiciar la aparición de más.

¿Qué son las pecas?

Para entender cómo cuidarlas y mantenerlas a salvo tenemos que entender que las pecas no son otra cosa que pequeñas lesiones o pigmentaciones sobre la piel. Su aspecto es el de un pequeña mancha de color marrón o negro y tienen un tamaño pequeño.

También reciben el nombre de éfelides y son de carácter benigno, simplemente producido por un aumento de la melanina en la capa superior de la piel. Suelen tener un componente genético, pero tienden a mostrarse más visibles durante los meses de verano, con la exposición a la luz solar.

Cómo debemos cuidar las pecas (especialmente en verano)

Como hemos dicho, en general, se trata de manchas de carácter benigno, pero precisamente por eso necesitan de una protección cuidada frente al mayor activador: la luz solar. Para ello el mejor aliado es un buen protector.

Para que funcione, especialmente si lo que intentamos proteger es la piel del rostro, el factor tiene que ser alto. En general lo mejor suele ser utilizar protectores con un SPF de 50, pero en los casos en los que la piel tiene tendencia a las pecas y es más sensible, hay que apostar por un factor elevado con mucha más razón.

De hecho, durante esta época del año se recomienda no exponerse al sol durante las horas centrales del día, echarse protección cada vez que salgamos del agua o cada dos horas y si es posible, ataviarse con un sombrero y unas gafas de sol cuando estemos bajo la luz del sol.

¿Cuándo debemos visitar al dermatólogo?

Las personas con la piel especialmente sensible o con problemas cutáneos deberían visitar a su médico de manera regular para que les ayude a controlarlo y hacer un seguimiento. Pero en circunstancias normales también está bien que nos hagamos una revisión de manera periódica para chequear que todo está bien.

Esto incluye especialmente a quienes tienen la piel con pecas. No obstante, estas suelen ser congénitas -de nacimiento- o las adquiridas durante la infancia y los primeros años de adolescencia, por lo que su tamaño puede variar mínimamente a lo largo de la vida, así pues, debemos preocuparnos por las mismas alteraciones que en una piel sin pecas.