Vídeo: Europa Press

Así ha sido el precioso reencuentro de Kiko Rivera e Irene Rosales tras dos días convulsos

Kiko Rivera e Irene Rosales ya están juntos. Después de morir la madre de Isabel Pantoja, la pareja ha decidido no ir a la boda de Anabel. Ya se han reencontrado y el beso que se han dado al verse despeja todo tipo de dudas

La trágica noticia de la muerte de Doña Ana, la matriarca del clan Pantoja, pilló a Kiko Rivera este martes en la isla canaria de La Graciosa, donde había viajado dispuesto a pasárselo bien en la celebración de la boda de su prima, Anabel Pantoja. Este revés le obligó a hacer de nuevo las maletas para regresar a la que un día fue su refugio y donde no ponía un pie desde hacía un año y medio, a Cantora, donde su madre, Isabel Pantoja, rodeada de sus escasos apoyos, velaban el cuerpo de Doña Ana. Lo hizo acompañado de su prima y también de su hermana, Chabelita Pantoja, dejando a su esposa, Irene Rosales, y a sus hijas en la isla a la espera de su regreso. Sin embargo, en el último momento, el Dj no se ha sentido con fuerzas como para emprender un nuevo viaje, más sabiendo el dolor que deja en Sevilla, la incertidumbre que se ha abierto con su reencuentro con su madre y por lo frívolo que le supone festejar la alegría de Anabel tan solo tres días después de morir su querida abuela. Es por eso que decidió no acudir a la boda.

Una decisión tajante que ha pillado a Anabel Pantoja con el pie cambiado, que trató por todos los medios convencerle para que regresase a La Graciosa para verla vestir de blanco y celebrar la boda que firmó el pasado mes de septiembre. No hubo manera. Ante su negativa, Irene Rosales ha entendido que es más valiosa al lado de su marido que junto a los novios, por lo que también ha hecho las maletas antes de lo previsto y ha viajado hasta Sevilla para arropar a su esposo en tan difíciles y convulsos días. Un encuentro que ha quedado reflejado en el vídeo que acompaña estas líneas y en el que se ve cómo se besan con sinceridad tras dos días sin verse y ante todo lo que ha sucedido en este escueto periodo de tiempo.

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Kiko Rivera está devastado, “destrozado en cuerpo y alma”, en sus propias palabras. No solo por tener que despedirse de su abuela o por el hecho de que se enterase casi 24 horas después de su deceso y que llegó cuando ya había sido incinerada. También está inquieto y con mucho que pensar y colocar en su sitio tras estar tres horas en el interior de Cantora y tras poder hablar con su madre cara a cara tras un año y medio sin hacerlo. Hasta la fecha, tan solo los medios de comunicación y los abogados servían para mandarse mensajes el uno al otro, pero la trágica pérdida de Doña Ana les ha situado de nuevo uno frente al otro y parece que de ese encuentro se ha conseguido la promesa de mantener la conversación pendiente para solucionar sus diferencias.

Mucho en lo que pensar y, para Kiko Rivera, muy poco que celebrar: “Mi cuerpo no está para cachondeo, ni para fiesta, tú ya estás casada con Omar, esto lo podemos posponer. Te lo pido por favor, aplázalo porque yo no voy a ir a tu boda”, le decía Kiko a su prima, que finalmente sigue adelante con la celebración desatendiendo las quejas de parte de su familia.