Paloma Cuevas y Enrique Ponce han puesto punto y final a su relación tras más de 24 años de casados. Repasamos cómo ha sido su historia de amor.


El matrimonio de Paloma Cuevas y Enrique Ponce ha llegado a su fin tras 24 años casados. Según ha podido saber SEMANA, en exclusiva, su separación es cordial y de mutuo acuerdo. Ambos han decidido dar el paso de iniciar los trámites de divorcio debido a un desgaste entre ellos y a que solo estuvieran unidos ya por el amor de sus dos pequeñas. Han iniciado caminos por separado, sin embargo, es inevitable recordar cómo ha sido su idílica historia de amor. Y es que durante muchos años esta pareja ha sido un ejemplo sentimental a seguir para muchos.

Se conocieron por su afición taurina. Paloma, hija del empresario taurino, Victoriano Valencia, acudía a corridas de toros de manera habitual junto a su progenitor, aunque no mediaron palabra hasta el año 1992, año en el que Enrique se quedó prendado de la belleza de Paloma Cuevas.

Se dieron el ‘sí, quiero‘ el 25 de octubre de 1996 en la Catedral Valencia ante un gran número de invitados entre los que se encontraban toreros como Espartaco, José María Manzanares, Francisco Rivera u otras grandes personalidades de la crónica social. Todos ellos eran conscientes de la expectación que generó este enlace en el que la novia derrochaba una elegancia innata difícil de superar a sus tan solo 22 años. La felicidad de los recién casados era palpable, un sentimiento que continuó muchos años después y que una vez más se hizo evidente cuando se convirtieron en padres. Por primera vez, en el año 2008 y por segunda y última vez en 2012.

De hecho, en el año 2016, hace ya cuatro años, Enrique Ponce gritó a los cuatro vientos su amor por ella a través de sus redes sociales el día en el que ambos cumplían 20 años de casados. «Contigo los momentos son eternos porque haces que se detenga el tiempo cada vez que te miro a los ojos. Gracias por estos 20 años a mi lado, o yo al tuyo, por esa entrega absoluta de tu vida y tu amor hacia mí y por permitirme vivir toda una eternidad en tu corazón, junto a nuestras dos hijas a las que adoramos», escribió junto a una instantánea en la que ambos posaban en el altar momentos antes de convertirse en marido y mujer.

Ese día, el de su boda, Paloma lució un vestido de línea romántica que poseía una cola de cuatro metros y que tenía detalles del traje de novia de su madre, él por su parte apostó por un traje de chaqué. A partir de ese momento, siempre caminaron en la misma dirección y tanto Paloma como Enrique se convirtieron en el pilar del otro. Tanto en lo bueno como en lo malo, en especial durante los contratiempos que le llegó a provocar el mundo del toro a Enrique Ponce. Sobre ese miedo Cuevas se ha confesado en más de una ocasión, no obstante, siempre quiso apoyar a su esposo en todas sus decisiones profesionales, pues era consciente de que eso era lo que le hacía más feliz.

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Durante el confinamiento Paloma Cuevas se confesó y reveló que ella y Enrique estaban en su finca de Jaén pasando la cuarentena con sus dos hijas y los padres de ella. Sus palabras no presagiaban el final sentimental que estaba por llegar a su vida y del que SEMANA posee todos los detalles en exclusiva.