Fue la primera gran estrella internacional de nuestro país, con una vida en la que realidad y ficción se funden y, en ocasiones, hasta es imposible discernir la línea que las separa. Pero lo que no tiene discusión es que Sara Montiel, de la que ahora se cumplen once años desde su fallecimiento, fue la pionera en llegar a Hollywood y abrir el camino a las estrellas patrias que hoy brillan sin par en la meca del cine, como Penélope Cruz. 


Llegó al mundo como María Antonia Abad en 1928 en Campo de Criptana (Ciudad Real), entre los molinos de viento contra los que luchaba Don Quijote, pero pasó a la historia como la gran Sara Montiel. Su historia comenzó en la Semana Santa de 1941, con solo 16 años, cantando una saeta desde un balcón al paso de Jesús Nazareno. El periodista y empresario José Ángel Ezcurra la escuchó y, animada por él, acudió a clases de canto y se presentó a un concurso de talentos en Madrid, que ganó. Así empezó su carrera.


Los comienzos de Sara Montiel en Madrid: no sabía leer ni escribir

Llegó a Madrid junto a su madre a mediados de los 40 con el único sueño de ser actriz, como su admirada Ingrid Bergman. Enseguida se codeó con el star system español del momento: Amparo Rivelles, Fenando Fernan Gómez o María Dolores Pradera, de quien se hizo muy amiga, y empezó a trabajar en pequeños papeles en el cine. Las monjas con las que había estudiado la enseñaron a coser, pero no a leer y escribir, por lo que le leían los papeles y ella se los aprendía de oído.  

Fue entonces cuando conoció a Miguel Mihura, genial dramaturgo y humorista y su primer Pigmalión: “Cuando conocí a Miguel, yo tenía 17 años y él 40. Y me enamoré de él”, confesó la artista. Estuvieron juntos cuatro años.

Sara Montiel

Sara Montiel fue la primera gran estrella española que triunfó en Hollywood.

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Aunque seguía haciendo papeles, su carrera no terminaba de despegar, y en abril de 1950 Sara se embarcó con su madre rumbo a México, entonces el epicentro del cine de Latinoamérica con contactos en Hollywood. 

Allí apareció el segundo Pigmalión en la vida de Sara, el poeta León Felipe. Se repetía el patrón de Mihura, un hombre mucho mayor (64 años) e intelectual, que se enamoró de Sara y la ayudó a abrirse al mundo y ampliar horizontes. Aunque en esta ocasión ella solo se enamoró platónicamente. Él sí la enseñó a leer y escribir, la animó a estudiar teatro y le compuso versos.

La carrera en México y su salto a Hollywood sin hablar inglés

En México consiguió, por fin, el despegue de su carrera trabajando junto a la estrella azteca del momento, Pedro Infante. Según desveló en sus memorias, ‘Vivir es un placer’, en esa época conoció durante una gira en Nueva York a Severo Ochoa, a quien describió en el libro como el amor de su vida, aunque el biógrafo del Nobel lo desmintió asegurando que era “un delirio para promocionar el libro”.

También en sus memorias narra un affaire con Ernest Hemingway o sus encuentros con estrellas como Marlene Dietrich, que le dijo que era guapísima, o una “antipática” Joan Fontaine.

Sara Montiel y Gary Cooper

La película 'Veracruz', que protagonizó con Gary Cooper fue su primera incursión en Hollywood.

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En 1954, y sin hablar inglés, llegó su gran oportunidad en Hollywood con la película 'Veracruz', al lado de Gary Cooper y Burt Lancaster. A esta le seguiría 'Dos pasiones y un amor', donde el director, Anthony Mann, se convirtió en su primer marido. Se casaron el 30 de mayo de 1956 ‘in articulo mortis’, en el mismo hospital en el que él se pasó tres meses a causa de un gravísimo ataque al corazón. Tras recuperarse, volvieron a casarse el 28 de agosto del año siguiente. La siguiente película de Sara en EE.UU. fue 'Yuma'.

Boda con Anthony Mann

En 1956, Sara se casó en 'articulo mortis' con el director Anthony Mann y un año después repitió la boda.

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Gracias a su vida en Hollywood, se codeó con James Dean (contó que él se había enamorado de ella), Alfred Hitchcock, Marlon Brando (con el que compartió unos huevos fritos), Greta Garbo (con la que jugó al tenis), Natalie Wood, o Marilyn Monroe.

La película que la convirtió en mito: 'El último cuplé'

Pero, decepcionada porque su carrera en la meca del cine se limitaba a papeles de india o mexicana, en noviembre de 1956 Sara volvió a España para rodar 'El último cuplé', un éxito sin precedentes y la película que también la descubrió como cantante. Después llegó 'La violetera' y las demás películas que ya la elevaron a la categoría de mito.

Sara en 'El último cuplé'

La película 'El último cuplé, junto a Armando Calvo, la convirtió en un mito.

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Una racial belleza que se salía de la pantalla, su llamativa voz grave que se volvía sexy y su erotismo la convirtieron en una estrella inigualable e incalificable. 

En el terreno sentimental, tras separarse de Anthony Mann, se casó en 1964 con el empresario José Vicente Ramírez Olalla, “Chente”. La relación fue un fracaso desde el primer día porque su flamante marido quería que se comportara como una clásica ama de casa y, aunque vivieron separados muy pronto, hasta el 78 no consiguieron la anulación.

Sara Montiel

De una belleza arrebatadora, Sara siempre explotó la imagen más sensual.

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El gran amor de Sara Montiel

Comenzaría entonces una relación con el actor italiano Giancarlo Viola (que también fue su último amor), hasta que a principios de los 70, en un viaje a Palma para presentar uno de sus espectáculos, conoció a Pepe Tous, el empresario que la había contratado. El flechazo fue inmediato y solo la muerte de él, en 1992, los separó.

Sara Montiel y Pepe Tous

El empresario Pepe Tous fue el gran amor de su vida. 

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Sara dejó el cine porque no quería participar en las películas del destape y se fue a vivir a Palma. Ante la imposibilidad de ser madre, tras sufrir varios abortos (el primero de ellos ya fue cuando estaba casada con Anthony Mann), adoptaron a sus dos hijos: Thais y Zeus. Este último ha querido seguir sus pasos en el mundo artístico: “Lo fuimos todo: enamorados, amantes, amigos… Discutíamos porque todo lo hablábamos, porque nos queríamos, porque todo lo compartíamos”, dijo sobre su gran amor.

Sara Montiel y Pepe Tous con sus hijos

La pareja adoptó a dos hijos: Thais y Zeus.

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Los últimos años la convirtieron en un icono pop y no estuvieron exentos de polémica, especialmente por su surrealista boda con el cubano Tony Hernández, un fan de la artista 35 años más joven que ella, que también terminó en divorcio. 

Pero todos los avatares de los últimos tiempos de su vida, no impidieron que Sara Montiel continúe siendo el gran mito que se creó en una España en blanco y negro y que supo traspasar todas las épocas y fronteras.