La primera jornada de la Visita de Estado a Portugal de los Reyes Guillermo y Máxima culminó con una cena ofrecida por el presidente Marcelo Rebelo de Sousa en su honor celebrado en el palacio de Ajuda, en Lisboa. Como manda el protocolo, los agasajados y resto de invitados lucieron sus mejores galas, frac para los caballeros y vestido largo para las damas. Máxima, como no podía ser de otro modo, brilló especialmente gracias a unas espectaculares joyas. 

El verde fue el color escogido para esta noche tan especial. Además de ser uno de sus preferidos, también es uno de los colores de la bandera de Portugal, un detalle que no pasó inadvertido y que fue un gesto de delicadeza para sus anfitriones. Verde era el impresionante vestido de encaje con dibujo floral, de la firma Jantaminiau, imprescindible en su armario; y verde, por supuesto, era su aderezo de esmeraldas

Se trata de un juego histórico de la Casa de Orange. La tiara fue realizada en 1896 por el joyero alemán Schürmann, como regalo de la Reina Emma para su hija, luego la reina Guillermina I de los Países Bajos. Posteriormente esta se la obsequió a su hija, la reina Juliana, y esta a la suya, la reina Beatriz… De la madre del rey Guillermo ha pasado a su nuera, la reina Máxima, quien lo ha lucido en frecuentes ocasiones. 

Tiene la ventaja de que el conjunto puede llevarse de diversas formas, porque sus piezas son desmontables. La tiara, por ejemplo, puede lucirse también como gargantilla. En este caso, Máxima prefirió la más tradicional, en la cabeza. La reina Juliana solía ponérsela boca abajo, en un original giro. Aparte de esto, Máxima no se dejó nada en casa: las pulseras, los pendientes largos y varios broches, uno añadido al collar y otro prendido en la cintura. En suma, la reina esmeralda conquistó la noche lisboeta. 

Máxima, muy sonriente con el juego de esmeraldas y las más altas condecoraciones de Portugal.