Marta López ha revelado el día en el que decepcionó a su madre y, sin querer, a sí misma. Ahora ha reflexionado sobre ello con sus seguidores.


Marta López ha compartido con sus seguidores el plan que este jueves hizo con Kiko Matamoros. Ella y su pareja acudieron al Ballet y ella no pudo evitar recordar el día en el que se decepcionó a sí misma y a su madre, no obstante, ha aprendido la lección. Así lo ha compartido la modelo en sus redes sociales, donde ha reflexionado sobre ese día que en su momento tanto año le hizo hasta tal punto que tuvo que abandonar la sala de la actuación. «Quería compartir una historia con vosotros que a lo mejor hace llorar a mi madre pero de alegría, porque ya estoy bien. Normalmente a los bailarines se les exige una forma física (como en el ciclismo por ejemplo) para tener mayor movilidad, flexibilidad etc, lo que a muchos lleva a padecer TCAs, a muchos otros no, ojo. Es una disciplina con una competitividad enorme, lo cual es caso aparte«, comienza diciendo. Precisamente esta alta exigencia llevó a Marta a compararse con una de aquellas bailarinas, algo insano si se tiene en cuenta que ella por entonces sufría un trastorno alimenticio.

«La primera vez que fui al ballet con mi madre (antes lo solía ver por internet) fue en Granada, y me quede impresionada por su precisión y delicadeza en los movimientos (la obra ya me la sabía, porque me encanta escucharlo) pero también me comparaba con las bailarinas y me sentía mal, era cuando tenía anorexia y no pude terminar de verlo. Era una chica delgada; sana, pero delgada, y yo me comparaba con todo el mundo, por lo del TCA, no era culpa de que la chica estuviese delgada. Nos tuvimos que ir en medio del primer acto y decepcioné a mi madre y a mí (a mí lo supe luego, en el momento quería sólo irme)», dice Marta con tristeza. Años después de aquel momento y después de haber superado una difícil enfermedad, la granadina está tremendamente orgullosa de haber podido saltar todos y cada uno de los escollos que se ha encontrado en el camino. A su lado ha tenido a su familia, esa que jamás la ha abandonado, a pesar los malos momentos.

La reflexión de Marta es positiva a día de hoy, pues si mira al pasado puede afirmar que hoy se encuentra en su mejor versión. «Hoy puedo decir orgullosa que no me comparo con nadie y que puedo disfrutar del ballet y de todo sin que me afecte lo más mínimo nada de lo que ocurra o implique el hecho de ir a ver el ballet o ver cualquier cosa, porque mi autoestima ha crecido, ya no soy débil y no me comparo. No es cuestión de que las personas tengan que dejar de ser o hacer algo para que a ti no te genere ansiedad o inseguridad, es cuestión de que te quieras. Moraleja: siempre va a haber personas distintas a nosotros, intentemos trabajar en nosotros y no compararnos, disfruta y vive», explica Marta. Su experiencia puede ayudar a muchas otras personas que como ella tendieron a compararse, en vez de esforzarse por estar como ellos desean.