La modelo ha vuelto a sincerarse sobre sus problemas de salud mental después de que el pasado noviembre desvelase su trastorno dismórfico corporal y TCA. Esta vez ha confesado sus problemas con la ansiedad. Lucía Rivera ha querido mostrar a sus seguidores las duras secuelas que está dejando en su cuerpo atravesar "días complicados". La joven ha compartido a través de Instagram unas imágenes de su espalda, que aparece rascada y arañada en distintos puntos y en la que se aprecian pequeños sarpullidos a consecuencia de sus acciones, que, según explica, lleva tiempo haciendo de noche sin darse cuenta.

“Hoy le decía a un amigo que cuando pienso que controlo mi ansiedad siempre sale por otro lado. Ahora me ha dado por rascarme por las noches (sin enterarme) y armarme estas burradas en el cuerpo. La verdad es que he tenido dos días complicados y así ha reaccionado mi cabeza. Y la verdad es que en las fotos no se valora ni la mitad. Es cansado y desespera a veces. Os mando un abrazo a los que vivís con esto como yo”, escribe junto a la imagen. Un mensaje con el que trata de visibilizar la importancia de la salud mental.

Lucía Rivera muestra las marcas de su cuerpo

Lucía Rivera muestra las marcas de su cuerpo por la ansiedad.

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Lucía Rivera y su lucha contra su TCA

El pasado noviembre, con motivo del Día Internacional de la Lucha contra los TCA (trastornos de la conducta alimentaria) Lucía escribía en Cosmopolitan una carta liberadora a su 'yo' a lo largo de los años, quien ha sufrido un trastorno dismórfico corporal y anorexia.

Todo comenzó, cuenta, cuando "ibas mirando hacia abajo, y veías cómo el suelo estaba cada vez más y más lejano. Hasta que un día, observaste otra cosa: tus piernas. De pronto, estaban repletas de fallos”. A raíz de las críticas que recibía ("palillos, espaguetis"), la modelo empezó a sentir rechazo por sus piernas y su "objetivo" era "rellenarlas", así que Lucía Rivera se "atiborraba" a batidos de proteínas. Sin embargo, pronto "para el resto, se habían pasado de 'gordas y rellenitas', así que, de pronto, miraste de nuevo hacia abajo, pero con otra idea: cómo cambiarlas, cómo hacer que volvieran a ser como antes", reflexionaba.

Lucía Rivera

Lucía Rivera.

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Los problemas siguieron creciendo y empezó a focalizarse en otras partes de su cuerpo, como el vientre, ese que "escondía metiendo barriga hacia dentro" cuando posaba delante de cualquier reflejoLa comida pasó a ser para ella "lo más preocupante". El arroz y la pasta comenzaron a parecerle "impensables" y la verdura tenía que ser solo "verde y antioxidante". "La misma báscula en la que celebrabas los números de más con saltos de alegría, se convirtió en tu mayor enemiga cuando marcaba más de 50, porque ese era 'el número perfecto", escribía Lucía. 

Así comenzó una pesadilla que a día de hoy, según ella, "sigue, de alguna manera, latente", pero gracias a su camino en terapia, "hoy me acepto mejor". "Me di cuenta de que estaba empezando a aceptarme cuando disminuyó la culpa al comer. No desapareció, pero sí disminuyó, y lo noté cuando podía comerme una croqueta y no sentirme culpable, cuando dejé de ir al gimnasio para adelgazar...", confesaba recientemente en una entrevista para el citado medio.