Lorena Romero forma, tal vez, parte de ese tipo de mujeres que en los últimos años han tenido problemas con la justicia por firmar papeles de sus maridos y que llegada la hora de dar la cara decían no saber nada. A alguna le funcionó esa estrategia y otras, sin embargo, lo pagaron muy caro.

Ignoro si Lorena era consciente de la situación que tenía su marido, Toño Sanchís, si compartía sus decisiones, si considera que todo lo que les está pasando es injusto o si, por el contrario, se siente engañada.

Lorena Romero está viviendo posiblemente el momento más delicado de su vida, pero está mostrando tranquilidad en sus encuentros con la prensa.

Es todo un enigma del que quizás salgamos de dudas pronto, pues su marido, echando todo el agua para el sembrado, está empeñado en que Lorena hable en los medios, cuando donde hay que hablar es en otros sitios, en situaciones como esta, ojo.

Toño Sanchís puede desacreditar todo lo que quiera a Belén en los platós, puede sacar al escenario mediático a su mujer, pero salvo para hacer algo de caja, que no le vendrá mal, no cambia los hechos: de momento, la guerra la está perdiendo él.

Hay quienes hablan de crisis en el matrimonio de Lorena y Toño, pero lo que pasa tras las puertas de su chalé solo ellos lo saben.

Según Gema López, la pareja habría tenido una discusión por este asunto ya que Lorena no estaría dispuesta a hablar, pero es cuestión de tiempo que salgamos de dudas.

Sin conocer yo a Lorena ni a Toño de nada, creo que lo que tengan que decir está de más, porque en este punto del partido la Justicia ha dado la razón a Belén y la opinión pública también parece del lado de la Princesa del Pueblo.

En ocasiones hablar de temas delicados es dar munición a tus enemigos. En este caso, el fuego está encendido y la leña arde. Como deja claro Belén Esteban en la sensacional exclusiva que ha dado a SEMANA, la primera y única entrevista desde que ganó el juicio, ella está a lo suyo, a recuperar su dinero, caiga quien caiga, sin contemplaciones.

Y a mí, para qué ponerle paños calientes, el testimonio de Lorena no me importa mucho, más que nada porque su marido lleva la intemerata poniéndome la cabeza como un bombo con sus ataques a Belén y sus arranques de sensiblería queriendo recuperar su relación con Andrea Janeiro. Que no me los creo, por cierto.

En todo este duro proceso, Lorena se ha mostrado como un apoyo inquebrantable a su marido.

Lorena Sánchez, a mi juicio, que no es el suyo, tiene mucho que perder si habla, si se decide a explicarse, porque puede acabar herida por fuego enemigo, convertida en un daño colateral de una batalla a dos en la que solo puede quedar uno.

No me olvido del lado humano de toda esta historia, cuando hay hijos de por medio, pero cuesta esperar misericordia de quien se siente víctima y ha podido demostrarlo, al menos hasta ahora. Los hijos no tienen la culpa de lo que les pase a los padres, pero a veces pagan las consecuencias de sus actos. Por eso, Belén Esteban dice en nuestra entrevista en SEMANA: «No me dan pena ni su mujer ni sus hijos. ¿Quién pensó en mi hija? Si se tiene que ir de su casa, que se vaya».

Lorena está en todo su derecho de largar lo que le apetezca, de atacar a Belén o tender puentes, de defender su inocencia, pero como cantaba Nuria Fergó, ‘las palabritas se las lleva el viento’. Tendrá que ser ante la Justicia, si recurren la sentencia, donde se tendrán que emplear a fondo para revertir la situación.

Difícil lo veo…