Jordi González tiene muy claro cómo va a morir desde que era adolescente. Tiene dotes adivinatorias y dice saber si una mujer está embarazada incluso antes que ella misma. No es lo único que llega a saber de manera mágica o mística


Jordi González es de sobra conocido por todos por su faceta como presentador, siendo uno de los rostros habituales de los programas de Mediaset. Sin embargo, lo que no todos conocían eran sus dotes divinatorias y de predicción, las cuales le han llegado incluso a saber con certeza cuándo, cómo, donde y por qué va a morir. Una confesión que ha pillado a muchos por sorpresa, después de que concediese una de las entrevistas más personales a una televisión autonómica catalana. Mientras hablaban de libros y otras muchas cuestiones profesionales, Jordi González terminó dejando a muchos con la boca abierta al desvelar con asombrosa precisión cómo dejará este mundo para trascender al más allá.

Esta insólita declaración de Jordi González surgió cuando confesó que tiene por tradición leer el libro ‘Cien años de soledad’ cada diez años. Haciendo cálculos y teniendo en cuenta la certeza de que sabe cuándo va a fallecer, a estimado que aún le dará tiempo a leer esta preciada joya de la literatura española hasta dos veces más. Un detalle que llamó poderosamente la atención del presentador, que no dudó en interesarse más en este cálculo mental tan extraño. El comunicador tiene ya 59 años y asegura que va a morir a los 78 años sin reparo alguno y sin miedo a equivocarse. Lo dice con seguridad y deja a su entrevistador con la boca abierta y sin saber si se trata de una broma o si realmente lo que escucha es cierto.

“Te doy una primicia: estoy en condiciones de decirte que moriré a los 78 años, por causa de un infarto, en un avión”, dice Jordi González con total seguridad y sin dar mayor importancia. “¿Eso cómo lo sabes? ¿Es una cosa tuya instintiva?”, le pregunta el presentador. A esto, el conductor de los debates de ‘Supervivientes’ responde que “lo sé desde siempre. A los 14 ó 15 años lo tuve claro. Yo, claro está, decía en aquel momento que moriré muy viejo, muy viejo, muy viejo. Cuando yo voy a hacerme una analítica de sangre es por hacer algo. ¿qué te parece?”. Su interlocutor no lograba a encontrar las palabras para responder a esto.

Jordi González, una vez puesto en materia a la hora de dejar al descubierto sus artes adivinatorias, añadió que las predicciones que realiza no solo se basan en saber cuándo, cómo, dónde y por qué va a morir, sino también es capaz de adivinar buenas noticias. Como él mismo asegura, dice saber cuando ve a una mujer embarazada si lo que espera es un niño o una niña, mientras que también afirma haber llegado a saber que una joven estaba embarazada incluso antes de que ella misma lo supiese. Quizá su carrera como presentador nos haya hecho perder a uno de los videntes más portentosos de nuestro país, pero habrá que esperar aún 19 años hasta saber si su predicción sobre su fallecimiento es precisa o no.

Como la conversación iba encaminada en los libros, la pregunta sobre por qué aún no se había lanzado a escribir un libro sobre su experiencia en el mundo de la televisión durante más de 40 años, su respuesta es tajante. No niega que se le haya pasado por la mente plasmar en un libro su historia ante las cámaras, pero tiene claro que no podría hacerlo, porque tendría que omitir información valiosa y con ello caería en la mentira y todo por no ensuciar la imagen pública de compañeros con los que comparte platós y trabajos: “En todo este tiempo solo he conocido a cuatro personas, cuatro, que son cuatro personas cretinas. Claro, yo no puedo hacer un libro sin hablar de estas cuatro personas, porque forman parte del universo de la tele, porque, además, las cuatro, qué casualidad, hacen pantalla. Entonces, o no las menciono, que sería absurdo, o miento, y eso no lo quiero hacer”, responde con rotundidad.

Jordi González no quiere enemistarse o poner de relieve a esas “cuatro personas cretinas” con las que ha tenido que trabajar que, por sus palabras, son presentadores o colaboradores. Su silencio, ahora mismo, vale oro y si un día decide romperlo, seguramente sus palabras traerían mucha cola en los platós de la cadena.