El presentador, que lleva 30 años cosechando éxitos en televisión, ha hablado en contadas ocasiones de las importantes pérdidas que han marcado su biografía.


Este martes, Ramón García se sienta en el plató de ‘El Hormiguero’. El presentador lleva cinco años entreteniendo las tardes en Castilla-La Mancha Televisión. Para el sector más joven de la audiencia televisiva quizás su nombre no suene demasiado conocido, pero lo cierto es que lleva 30 años en televisión y, durante décadas, fue el rey de la pequeña pantalla. 

El vasco, también conocido como Ramontxu, empezó su andadura profesional en una cadena estatal en 1990. Después de dos temporadas en ETB, se puso al frente de ‘La ruleta de la fortuna’. Y lo petó. A raíz de aquel espacio, líder en Antena 3, no ha parado de trabajar. Entre sus programas de mayor éxito destacan ‘¿Qué apostamos?’ y ‘Grand Prix’, en Televisión Española, dos formatos que en su día fueron capaces de paralizar al país delante de la caja tonta. En el primero trabajó con Ana Obregón, de la que es fiel y discreto amigo. También ha sido, durante 16 años, el encargado de presentar las Campanadas. Lo ha hecho 14 veces en TVE y dos en Antena 3. En todas ellas lucía como un auténtico ‘gentleman’ la capa, una prensa clásica que también fascina a Jaime de Marichalar, expareja de la Infanta Elena  y padre de Froilán y Victoria Federica.

Casado con Patricia Cerezo desde 1997

No cabe duda de que su trayectoria profesional ha sido impecable. También lo ha sido su periplo vital. Ramón García forma un tándem perfecto con Patricia Cerezo, con la que se casó en 1997. Con ella tiene dos hijas, Natalia y Verónica, su mayor motivo de orgullo y felicidad. A simple vista, la suya podría parecer una buiografía perfecta. Pero su ‘curriculum’ personal también alberga dos grandes dramas que marcaron su vida para siempre. Ramón no suele hablar de tragedias. En muy contadas ocasiones ha contado cómo perder a una hermana y a un hijo marcaron un antes y un después en su vida.

El vasco era apenas un adolescente cuando murió su hermana. Una experiencia que lo marcó no solo por el dolor, si no por el ejemplo que le dio su padre. «Siempre me acordaré de mi padre el día que murió mi hermana pequeña«, ha relatado en una entrevista en ‘El Confidencial Digital’.

El ejemplo de su padre tras la muerte de su hermana

«Yo tendría 15-16 años y le pregunté: “¿Vamos a abrir este fin de semana?” Me dijo: “Hijo, nuestros clientes no tienen la culpa de que nosotros hayamos perdido a Eva. Tenemos que abrir el negocio como si no hubiese pasado nada”. Aquel sábado, recuerdo, veía a mi padre roto por dentro de dolor en la puerta del negocio dando la bienvenida a todos los clientes. He perdido un hijo, a mi padre hace un año y poco, a otros seres queridos, y he seguido haciendo mi trabajo, porque es mi obligación. Es duro, porque en este oficio das la cara, especialmente si haces entretenimiento, pero es lo que hay», contaba.

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De aquel episodio aprendió que la aflicción es algo que se lleva por dentro y que no debe afectar al trabajo. Por ello, cuando le tocó vivir en primera persona otra importante muerte se comportó del mismo modo que hubiera actuado su padre. En julio de 2019, Ramón García era uno de los invitados del programa ‘Lazos de sangre’, emitido en La 1 de Televisión Española, y que estaba dedicado a Ana Obregón. Durante el coloquio posterior al programa hizo una inesperada confesión y desveló que él había perdido a un hijo. 

«Siempre que te ocurre una desgracia y te toca hacer un directo, haces el mejor programa de tu vida. Yo he tenido pérdidas personales e incluso perdí un hijo haciendo un ensayo de un ‘¿Qué apostamos?’”, confesaba en el programa presentado por Boris Izaguirre. “Yo hice el programa, mi mujer estaba sentada allí todavía antes de hacerle el legrado y mis padres estaban al lado. Yo hice el programa y nadie se enteró”, sentenció.

El relato de Ramontxu sobre tan duras pérdidas da fe del talante discreto y de la fortaleza del presentador, quien siempre se ha mostrado como una de las caras más amables y campechanas de la televisión. «Al rebobinar tantos años, pienso que algo bueno habré hecho», confiesa. Quizás su éxito se deba en parte a eso, ya que el público lo adora no solo por su buen hacer como conductor: también por su cercanía y su humanidad.