El actor ha contado en ‘Palo y Astilla’ cómo vivió el momento en el que su padre le acompañó a recoger un premio que le otorgó el rey.


La nueva entrega de ‘Palo y Astilla’, el programa que presenta Mamen Mendizábal en La Sexta, ha dedicado el espacio a José Sacristán. El actor, de 83 años, ha repasado su extensa trayectoria profesional, en la que destacan más de 120 películas.

Durante su entrevista, el intérprete ha contado que su padre, Venancio Sacristán, fue condenado a muerte por su ideología durante la dictadura de Franco. Pero finalmente se libró de tan fatal destino cumpliendo cuatro años en varias prisiones españolas. Llegada la democracia a nuestro país, el de Chinchón recibió una invitación para recibir un galardón en el palacio de El Pardo, la que fuera residencia oficial del dictador. Se le ocurrió llevar consigo a su padre. «Es en El Pardo y lo da el rey», le dijo, y éste accedió a acompañarle.

La reacción de su padre al ver a Don Juan Carlos

Una vez en la entrega de premios se produjo un extraño encuentro con el actual rey emérito, Don Juan Carlos. «Después del acto había un apartado en un cuartito y cuando llegó el rey le dije: «Aquí está el rojo este, que hace unos años… el dueño de la pensión que vivió aquí decidió meterlo en la cárcel», ha contado. «Y entonces le dice el rey: «Venancio, ¿te puedo dar un abrazo? Y entonces mi padre me mira. Y se acerca… Tengo una escena, que es el escorzo del rey y la cara de mi padre diciendo: «¿Esto está pasando? ¿Qué hago yo aquí? ¿Le muerdo?».

«Llevó a Don Venancio en aquella silla de ruedas. Fue emocionante verlo allí en el Palacio del Pardo, donde Franco le había condenado a muerte y lo que había supuesto para él y para toda su familia esa condena por una ideología política», relataba Concha Velasco, amiga íntima de Sacristán.

El actor ha contado sus inicios profesionales como vendedor de libros. Primero, para el Círculo de Lectores. Más tarde, como comerciante de «libros clandestinos» que «se vendían como rosquillos». Actividades que lo ayudaron a salir adelante tras una racha de dificultades económicas. Una vez que se metido de lleno en las artes escénicas le acompañó el éxito. Pero sus triunfos son consecuencia de la «constancia», el esfuerzo y mucha dedicación.

«Cuando miro hacia atrás me reconozco»

Cuando echa la vista atrás, se siente satisfecho con lo que ha hecho y lo que ha sido hasta ahora: «He hecho un recorrido hasta ahora y cuando miro hacia atrás me reconozco en este camino, con los errores, con las tonterías y las estupideces». También está a gusto con su situación actual. «Este es mi mejor momento. Y poder estar hablando de la Nati del Venancio (sus padres) y hablar con este ánimo y con Franco fuera ya del Valle de los Caídos y con esta especie de conformidad, aunque suene conservador, y este acuerdo con uno mismo. Con un camino por recorrer y con una cosa formidable, que es seguir levantándome para rodar. Te levantas para ir donde quieres ir y estar con quien quieres estar. Tengo a mi mujer, tengo a mis hijos, tengo a mis nietos». A día de hoy, valora especialmente «haber llegado a este momento», estar con su gente o «ver una película en mi casa».

Cuando Mendizábal le preguntó cómo le gustaría ser recordado, respondía: «Alguien que procuró guardarse el respeto y respetar aquellas cosas que merecieran la pena» y que siempre ha procurado actuar «para que me miren con respeto». En términos profesionales, «fui a la Marta y dije el texto».

Al recordar a sus padres, José Sacristán ha contado que este aceptó su trabajo como actor cuando comprendió que era un oficio más: «Llegó un momento que hizo una valoración. Que entre lo de hacer películas y sembrar la tierra, labrarla y recoger sus frutos no había tanta diferencia».

En su entrevista pudo visitar la tumba de sus padres, en la localidad madrileña de Chinchón, donde dedicó unas bonitas palabras a sus progenitores. Padre, se siguen vendiendo bien los ajos, y eso que ya están a punto de caer los 82 años. Madre, en los momentos de bajón canto y me quedo como nuevo. Hermana, recordarte a ti es como recordar la bondad. Se os echa de menos. Gracias por todo lo que me habéis dejado», decía. «A veces les comento lo que ya no saben o no conocen porque ya no están».

De su padre ha heredado valores como «la rectitud, la integridad, que lo primero es tener una orden de prioridades… y la valoración de una serie de cosas que uno sabe que están bien». De su madre aprendió «la capacidad de comprender desde la ternura o desde una cierta fragilidad las debilidades de los otros».