El Papa Francisco tiene miedo al coronavirus e incluso ha temido que lo tenía, motivo por el cual ha decidido someterse a las pruebas del virus que ha paralizado al mundo entero


La histeria por el coronavirus ha llegado incluso al Vaticano, afectando al propio Papa Francisco. El Pontífice se ha dejado contagiar por el miedo al Covic-19, popularmente conocido como coronavirus, temiendo que ha sido infectado por la enfermedad pandémica que está causando estragos en medio mundo. El Papa Francisco se ha ausentado en numerosas ocasiones en sus actos públicos alegando motivos de salud. Al parecer, presentaba síntomas afines a la gripe o a un catarro, pero él temía que pudiese tratarse de coronavirus, motivo por el cual se activó el protocolo de seguridad y se analizó si efectivamente había sido contagiado.

Por fortuna, las pruebas médicas han confirmado que el Papa Francisco está sano o, al menos, no está contagiado con coronavirus, sino que realmente lo que le aqueja es un resfriado. Así lo ha hecho público el diario ‘Il Messagero’, que subraya el hecho de que el Papa, de 83 años, ha cancelado la mayor parte de sus oficios públicos de la semana pasada, lo que dio paso además a que entre los italianos se especulase sobre un posible contagio al líder espiritual.

En Italia los contagiados por coronavirus ya supera los 2.000 casos y ya ha dejado tras de sí a 52 muertos. El miedo al coronavirus está extendiéndose, pero por el momento parece que el Papa Francisco se ha librado de ser infectado, como así han asegurado ahora desde el Vaticano, alegando que el Pontífice sufre una “leve indisposición” y que aún sigue en pleno proceso de recuperación.

Todas las medidas de contención del virus son pocas, por eso se han extremado las medidas de seguridad de acceso al Vaticano, así como a las actividades multitudinarias que se acogen en su recinto. Ahora, en vez de acoger a miles de feligreses, se limita el número a un centenar, como así sucedió, por ejemplo, durante el pasado domingo en el Ángelus. Frenar el coronavirus es el principal objetivo y el Papa Francisco lo ha sabido esquivar, al menos esta vez.