Rocío Carrasco ha recordado entre sollozos el día que tuvo que acudir a declarar al juzgado tras la denuncia de su hija por presuntos malos tratos.


Rocío Carrasco ha tenido que recordar uno de los días más duros de su vida. La hija de Rocío Jurado tuvo que acudir a declarar al cuartel tras la denuncia de su hija, Rocío Flores, por presuntos malos tratos continuados. La protagonista de la docuserie ‘Rocío: contar la verdad para seguir viva’ ha explicado en primer lugar todos los problemas con los que se encontraron su hija y Antonio David Flores al intentar denunciar a Rocío Carrasco. Fueron primero a presentar la denunciar al cuartel de la Guardia Civil de Tres Cantos, de allí los mandan al cuartel de San Agustín de Guadalix, donde ocurrieron los hechos.

«Allí se les dije que tenían que presentar un parte médico de lesiones para poder presentar la denuncia. De allí se van al hospital y luego vuelven y ponen la denuncia con el correspondiente parte», explica Rocío Carrasco. Acto seguido ha querido explicar cómo vivió el día en el que tuvo que declarar en el cuartel de la Guardia Civil.

«A mí se me mete en una salita, se me informa de que mi hija me ha denunciado por un delito de maltrato habitual con el padre, que ha firmado el padre como persona responsable de la niña», empieza diciendo totalmente rota, repasando todos los momentos que vivió durante ese fatídico día.

«Se me leen mis derechos… Me da vergüenza, me da pena de mí, me da pena de mi marido, que tuviera que tuviera que vivir eso, me da pena de ella, que fuera capaz de pertenecer a algo tan bárbaro. Cuando me dicen que declare, que me defienda y que diga lo que tenga que decir, yo digo que yo no quiero declarar en sede policial, porque si así lo hago, estoy denunciando a mi hija. Y yo eso no lo he hecho nunca. Yo no he denunciado a mi hija. Si hubiera declarado en sede policial, lo hubiese hecho», dice entre pausas.

Rocío se muestra totalmente rota al recordar todo lo que vivió ese día

© Telecinco.

Ha querido destacar el paso de su marido, Fidel Albiac, que decidió declarar: «Fidel sí declaró, él dijo que quería declarar lo que sabía. Él no vio todo, pero sí que quiere decir todo lo que vio ese día, que quiere poner en antecedentes. A mí me dicen que como no quiero declarar, que me llamarían del juzgado», anuncia.

«Esto me pasa un 27 de julio y se me llama a declarar en sede judicial un 23 de agosto. Esos días son… imagínate que te encuentras de repente… Creo que no me duele tanto la paliza como el hecho de que ella me quisiera meter en la cárcel. A mi la paliza no me duele, a mi me duele saber que una hija mía que ha estado nueve meses dentro de mí y que he parido yo sea capaz de ver a su madre en la cárcel por algo que no ha hecho. Eso es lo que a día de hoy me mata. Se tendrá que perdonar ella el día que se dé cuenta, porque creo que a día de hoy no se ha dado cuenta».

«Mi hija no podía volver a mi casa, yo tenía pánico»

Rocío Carrasco ha continuado narrando los hechos tal y como sucedieron: «Antes de que la jueza me interrogue, la parte del padre hace constar que pide unas cautelares para que la niña no pueda volver conmigo, cosa a la que yo me adhiero. No es que las pidas tú, es que si no las pides tú, las pido yo. Mi hija no puede volver a mi casa, yo tenía pánico… Pánico porque era alguien a quien yo no conocía, no tenía un ápice mío dentro de su cuerpo, porque yo no soy así, soy incapaz de hacer eso con mi madre, pero ni con nadie. A esa niña la he parido yo, pero no tiene nada mío. Muy a mi pesar, pero no tiene nada mío».

Fueron unos momentos muy complicados para Rocío, que incluso temió por su vida: «Temo por mi vida, no sé qué me puede pasar, vivo con el terror de no saber qué te pasa. No sabía qué te iba a encontrar, yo estaba enterrada en vida, yo no vivía. Es terror, es terror con todas las letras y encima tienes que salir públicamente y poner buena cara y decir que todo va bien. Es terrorífico».