El colaborador ha hablado de sus 41 años de diferencia con su novia. Incluso ya tiene previsto lo que decidirá si siguen juntos cuando él sea un anciano.


Una vez más, Kiko Matamoros ha hablado de su novia en ‘Sálvame’. El colaborador ha hecho referencia a la diferencia de edad que lo separa de la modelo e ‘instagrammer’, 41 años más joven que él. Es feliz a su lado y está convencido de que es la mujer de su vida. «Voy a estar con mi pareja hasta que ella quiera. Quiero decir, que por mí no la voy a dejar», señalaba en el programa de Telecinco.

Al escuchar al colaborador hablando de su pareja, Jorge Javier Vázquez le ha preguntado por esas cuatro décadas de diferencia entre ellos. «Con esa diferencia de edad, que la hay, no piensas: ‘Llegará un momento en que ella quiera conocer otras cosas», le planteaba. «Lo único que me afecta de la diferencia de edad que va a llegar un momento en que yo no voy a estar físicamente en condiciones«, lamentaba Matamoros.

«Ojalá esté con 80 años como una rosa»

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«Pongamos que te plantas con 80 con ella», comentaba el presentador. Entonces, Kiko Matamoros ha confesado que sí ha pensado en el día en que su chica alcance la madurez y él, en cambio, sea un anciano: «Le pediré o le aconsejaré que se vaya de mi vida», afirmaba. Se trata de una cuestión sobre la que ha reflexionado mucho. Incluso ha señalado que es algo que le inquieta: «Estoy muy preocupado». Pero tiene claro que, por encima de todo, desea lo mejor para su novia. «Cuando eso pase llegará el momento de vivir otra relación porque tendrá una vida digna de vivirse y querrá tener una relación con otra persona», admitía el colaborador. «Yo de verdad, ojalá esté con 80 años como una rosa».

Por otro lado, ha destacado que su caso no es el único. «Muchas parejas en la historia» se han llevado 20, 30 o 40 años entre ambos, como es su caso. «Richard Gere está con una chica a la que le saca treinta y tantos años».

Quiere tener un hijo con Marta: «Por mí lo tendría ahora»

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«¿Si te pidiera un hijo, qué le dirías?», volvía a preguntarle Jorge Javier. Ante esa pregunta, Kiko Matamoros lo tiene clarísimo. Se pondría manos a la obra «ahora mismo». «Ojalá yo pudiera tener otro hijo. Por mí lo tendría ahora, pero entiendo que ella es todavía muy joven y está despegando en una carrera que le va muy bien».

No es la primera vez que el exmarido de Makoke habla públicamente de su intención de volver a repetir la experiencia de la paternidad. Y eso que se considera «el peor padre del mundo» por la mala relación que, durante años, ha tenido con Laura y Diego Matamoros. «Si voy al médico y me dice: ‘Le quedan 100 disparos en condiciones y tienes que congelar el semen’, lo haría. Pero no creo que tenga ningún problema con eso, de momento», añadía.

Unidos en las buenas… y en las malas

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Marta López ha demostrado con creces ser una fiel compañera para Kiko Matamoros. En los últimos meses ha estado a su lado y no se ha separado de él cuando ha sufrido varios reveses de salud que lo han llevado a permanecer ingresado en varias ocasiones. Su último ingreso hospitalario tuvo lugar a principios del pasado agosto como consecuencia de una infección posterior a su pancreatitis. Anteriormente había tenido diversos problemas de vesícula, órgano que le fue extraído a finales del pasado julio. Todos estos problemas lo han llevado a perder más de 14 kilos y a apreciar, más que nunca, a la mujer que tiene a su lado. Porque la granadina ha sido su enfermera particular, su amiga, su confidente… su principal sostén, en definitiva.

La actitud de la joven no ha pasado desapercibida para los hijos de Matamoros, para quienes Marta ya ocupa un lugar especial. «Mi hija Lucía, me dijo que había visto cómo estaba Marta conmigo, cómo lloraba cuando me llevaban de un lado a otro, que había visto el trato que ha tenido con mis hijos«, decía un emocionado Matamoros semanas atrás. Y es que la mayor de sus vástagos le dio un consejo que da fe del aprecio que siente hacia Marta: «Me dijo: No hagas más en tonto, cuídala, que te viene bien. Disfruta, quiérela y sed felices los dos’. Es un gesto que no esperas de un hijo que no es su madre y que la conoce de poco».