Una discusión durante el mes de agosto ha sido el detonante. Parecía que iban a superar esta crisis, sin embargo, Tom Brady y Gisele Bundchen han tomado la decisión de separarse. De hecho, desde hace semanas están en domicilios separados, lo que deja claro que no están pensando en reconciliarse. Ya han contratado abogados expertos en divorcios para ver cómo dividen su cartera de propiedades, la cual superaría los millones de euros, en concreto, más de 26 millones de dólares, varios coches de alta gama y cuentas corrientes inimaginables.

En los últimos años han comprado y vendido mansiones como, por ejemplo, la casa de Los Ángeles de la que se deshicieron por 40 millones de euros. Conservan otros como un apartamento de Nueva York que les permite estar cerca del hijo mayor del deportista, quien es quarterback y a quien Gisele adora. No obstante, se desconoce quién se quedará con él tras su ruptura. Por separado sus cuentas corriente se escapan de cualquier cifra y es que este año se ha revelado que es uno de los deportistas mejor pagados de este año. Su salario se ha fijado en casi 84 millones de dólares al año, a los que se suman 52 de patrocinios, aunque si se retirara no le esperaría algo mucho peor. Tendría un contrato como analista de fútbol en FOX sports, donde firmó un contrato de una década por 375 millones de dólares, aunque poco después anunció que jugaría un año más, una decisión que, por cierto, no convenció a la modelo.

No se ha vuelto a ver a Gisele desde el inicio de temporada, lo que multiplicó las pistas de que algo no marchaba bien. La brasileña pensaba que su marido iba a ayudarle con sus hijos con su retirada, pero se le hizo bola y regresó a su trabajo, a pesar de que la decisión ya estaba tomada. La modelo ha vuelto a pensar en ella, algo que no ha extrañado debido a las últimas declaraciones que ella misma concedió a ‘Elle: «Me siento realizada, como madre y como esposa. Y ahora es mi turno. Tengo una lista enorme de cosas que quiero hacer. A los 42, me siento más conectada con mi esencia».

La pareja contrajo matrimonio en el año 2009 y aunque han sufrido varias crisis, siempre conseguían superarlo. Tienen dos hijos en común, Benjamin de 12 y Vivian de 9, dos niños junto a los que han posado en numerosas ocasiones y que se suman a uno mayor del jugador de fútbol que tiene ya 15 años. De momento, su círculo no cree que se vayan a dar una segunda oportunidad, siendo precisamente su entorno el que ha explicado los movimientos que han iniciado tras decidir que no quieren estar juntos. «En realidad, nunca pensé que esta discusión sería el final de ellos, pero parece que lo es. No creo que vayan a regresar. Ambos tienen abogados y están analizando lo que implica la división de su matrimonio, quién se queda con qué y cuáles serán las finanzas«, comenta alguien cercano a ‘New York Post’.